La no continuidad de Míchel en el banquillo del Girona merece un análisis por todo lo positivo e interesante que ha sabido generar. La transformación de un equipo que peleaba en Segunda en un club que por su juego ha sido reconocido en toda Europa, es fruto del buen hacer de este entrenador. Podríamos decir que transformó al Girona en un conjunto con una identidad propia que además hacía disfrutar a todo aquel que veía sus partidos.El técnico del Girona, Michel Sánchez Dani Duch / PropiasMíchel apostó desde el 2021 por un modelo valiente, ya que combinó posesión, salida limpia desde atrás (en el formato más moderno, que es a la máxima velocidad para no permitir el repliegue del contrario) y presión alta ante la pérdida. Lo normal en un equipo que había ascendido hubiera sido tratar de subsistir a través del repliegue. Para ello, aun partiendo de un 4-2-3-1, el sistema evolucionaba según el partido. La movilidad de sus jugadores siempre fue clave. De esta manera situó laterales muy profundos, extremos abiertos y centrocampistas capaces de generar constantemente líneas de pase. Podríamos indicar que más que un sistema rígido buscó siempre generar una red de relaciones y soluciones constantes para obtener verticalidad.Más que el sistema de Míchel lo que han fallado han sido los recursos, ya que piezas clave envejecieronMuy interesante era su evolución por una banda, tratando de atraer los jugadores defensivos rivales hacia esa zona, para entonces con mayor espacio buscar los uno contra uno en la banda contraria. Y si no era así, lo que provocaba era llegar al área rival con la máxima celeridad posible. Esos partidos son lo que yo digo que te impiden poder ir al lavabo porque en cualquier segundo te has perdido una ocasión o un gol. Un fútbol de posesión auténtico y no aquel con el que la gente se confunde. No es la posesión por sí misma lo que contaba, sino la posesión para desordenar al contrario, buscando encontrar soluciones en el juego interior para acabar culminando a través de las bandas.Lee tambiénNo fue nunca una posesión por estética sino una herramienta para aniquilar al rival. Cuando la posesión no conseguía esos objetivos, era la herramienta utilizada para no sufrir defensivamente, ya que el rival no tenía la pelota. Esto llevó a alcanzar la mejor versión en la temporada 2023-2024, donde no solo pudo competir con los grandes, sino que incluso llegó a discutir el liderato en la Liga durante muchos meses. El Girona de Míchel mostró que no era una sorpresa pasajera, sino un equipo dotado de unos mecanismos colectivos muy trabajados.Puede que alguien piense que finalmente el sistema en un momento dado mostrara sus límites. Pero creo que si el análisis es frío y sincero, más que el sistema lo que fallaron fueron los recursos. Jugadores clave envejecieron sin encontrar el relevo y figuras indispensables desaparecieron. Sin que el club consiguiera alternativas.