OpiniónEsta no es solo una disputa política: es una batalla por la defensa de la democracia, de la justicia y de las instituciones frente al embate de Petro.28.05.2026 22:01 Actualizado: 28.05.2026 22:01 Las elecciones del próximo domingo en Colombia no son normales. Nos jugamos la existencia misma de la democracia o el riesgo de su desaparición. El debate ya no es sobre matices ideológicos entre candidatos, sino sobre la posibilidad real de que los colombianos podamos seguir eligiendo libremente en los próximos años.Conozco el petrismo por dentro. Lo enfrenté como fiscal general de la Nación y sé cómo opera su lógica de poder, presión y confrontación institucional. Por eso, esta no es solamente una disputa política: es una batalla por la defensa de la democracia, de la justicia y de las instituciones colombianas frente al embate de Gustavo Petro. El domingo, los ciudadanos deben recordar, recordar y recordar.Debe quedar en la memoria de los votantes que Petro pidió la suspensión de órdenes de captura contra algunos de los criminales más peligrosos del país, bajo el discurso de la paz total. Una política que terminó consolidando un ambiente de inseguridad en los territorios y dejando a las Fuerzas Militares y de Policía atadas frente al crimen.Tampoco podemos olvidar sus ataques permanentes contra la separación de poderes. Intentó someter a la justicia, al Congreso, a los organismos de control, a la Registraduría Nacional, al Consejo Nacional Electoral y hasta al Banco de la República. Nadie debería olvidar cuando, en medio de su soberbia, afirmó que él era “el jefe del Fiscal”, desconociendo el espíritu de la Constitución de 1991 y el equilibrio institucional.Sus manifestaciones de odio en las plazas públicas se volvieron regla. Incendió el debate nacional y profundizó la división entre colombianos, instituciones y sector privado. La injuria y la calumnia fueron respuestas recurrentes frente a quienes pensaban distinto. Decenas de solicitudes de rectificación terminaron en tribunales por sus afirmaciones. Su argumento era siempre el mismo: tengo libertad de expresión sin límites.Petro humilló a Colombia. Ante esta situación no queda más que enfrentar las urnas con firmeza y determinación. El domingo próximo, el país debe leer adecuadamente el momento político.También utilizó el poder para humillar públicamente a las Fuerzas Militares y de Policía, debilitando su autoridad moral y desconociendo el sacrificio de quienes han defendido la democracia colombiana durante décadas. La relación con la Fuerza Pública pasó del respeto institucional a la desconfianza y al señalamiento permanente.El saqueo de los recursos públicos tampoco puede pasar inadvertido. El gobierno que decía representar al pueblo terminó envuelto en uno de los mayores escándalos de corrupción reciente. Robaron la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Funcionarios de su confianza reconocieron la existencia de un entramado criminal. Su exdirector del Dapre salió del país y pidió asilo en Nicaragua. Dos de sus ministros terminaron detenidos e imputados por corrupción en esa entidad. Incluso su hijo enfrenta un juicio por lavado de activos, mientras varios funcionarios cuestionados por la justicia eran nuevamente nombrados pese a las decisiones judiciales en su contra. No olvidemos que Petro, su esposa y su hijo terminaron sin visa y sancionados por Estados Unidos al incluirlos en la lista Ofac, de la Secretaría del Tesoro.Petro también llevó al sistema de salud a una crisis sin precedentes al negarse a actualizar la UPC y los presupuestos máximos, poniendo en riesgo la atención de millones de colombianos. Más de 11 billones de pesos adeuda hoy el Estado a las EPS. Y simplemente no le importó. Lo mismo ocurrió con el sector eléctrico y con el ataque sistemático contra la industria petrolera y minera. La agresión constante contra Ecopetrol no tiene presentación. Gobernó con decretos inconstitucionales porque desconoció al Congreso cuando ya no pudo doblegarlo para sacar adelante sus reformas.En síntesis, Petro humilló a Colombia. Ante esta situación no queda más que enfrentar las urnas con firmeza y determinación. El domingo próximo, el país debe leer adecuadamente el momento político. Abelardo de la Espriella, en una intensa campaña popular, ha demostrado representar la firmeza frente a la cobardía política de Petro.* Ex fiscal general de la Nación. Profesor del Adam Smith Center for Economic Freedom, Florida International University (FIU) Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. 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