Durante muchos a�os, en Espa�a se repiti� una frase que termin� por calar como una verdad indiscutible: "esto es lo que hay". Se nos dijo que la temporalidad era un rasgo estructural de nuestra econom�a, que los salarios bajos eran el precio inevitable para tener empleo y que, en cada crisis, hab�a que despedir y recortar.Esa forma de entender la econom�a tambi�n marc� la vida de millones de personas. Detr�s de cada contrato temporal hab�a un joven que no pod�a emanciparse, detr�s de cada salario bajo, familias que no llegaban a fin de mes, y detr�s de cada despido, proyectos de vida que se romp�an. Lo que hemos hecho estos a�os ha sido demostrar que aquella resignaci�n no era una ley econ�mica, sino una decisi�n pol�tica. Y, sobre todo, que era posible ganar esa batalla cultural frente a un discurso neoliberal que hab�a conseguido presentarse como la �nica alternativa.Hoy Espa�a crece el doble que la media de la Uni�n Europea, ha creado el 41% del empleo de toda la UE, el n�mero de aut�nomos est� en r�cord (3.431.797) y hemos superado por primera vez los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Esta �ltima cifra no es abstracta: son 22 millones de historias, de personas que han encontrado una oportunidad, que han podido estabilizar su vida. No estamos simplemente ante un ciclo econ�mico favorable, sino ante un cambio de paradigma: demostrar que intervenir el mercado de trabajo para hacerlo m�s justo no lo debilita, sino que lo hace m�s din�mico, con m�s empresas y m�s empleo.Cuando la pandemia golpe� en marzo de 2020 muchos quer�an repetir el guion de la crisis financiera de 2008, cuando Espa�a perdi� 3,3 millones de empleos y tard� m�s de once a�os en recuperarlos. Aquella crisis dej� una huella profunda: una generaci�n entera marcada por la precariedad.Nosotras decidimos no aceptar ese destino. Apostamos por los ERTE, no solo como una medida econ�mica, sino como un compromiso con las personas que sosten�an este pa�s. Nos dijeron que no funcionar�a, que era demasiado costoso. Sin embargo, logramos recuperar todo el empleo perdido en apenas 15 meses. Millones de personas pudieron volver a su puesto, mantuvieron su dignidad laboral en medio de la incertidumbre. Tambi�n el de miles de aut�nomos que pudieron mantener su actividad, gracias a las prestaciones extraordinarias y no tuvieron que cerrar definitivamente sus negocios.Algo similar ocurri� con la temporalidad, que durante d�cadas se asumi� como una caracter�stica inevitable de nuestra econom�a. Entre 2014 y 2019 nuestra econom�a creci�, s�, pero consolidando un modelo basado en la precariedad, con tasas de temporalidad que nunca bajaron del 25%. Eran a�os de trabajadores encadenando contratos de d�as, personas que no pod�an acceder a una hipoteca, con angustia cotidiana.La reforma laboral de 2021 rompi� esa l�gica. Hoy hemos alcanzado cifras r�cord de empleo con una temporalidad reducida a la mitad, alineada por primera vez con la media europea. Es la diferencia entre poder planificar una vida o no poder hacerlo. La prueba de que cuando se ordena el mercado laboral, las empresas responden creciendo, invirtiendo y generando empleo m�s estable.Salario m�nimoLa subida del salario m�nimo sigui� el mismo patr�n. Se nos advirti� de que aumentarlo destruir�a empleo. Desde 2018, el SMI ha crecido un 61%, y lo que hemos visto no ha sido destrucci�n, sino creaci�n de empleo y mejora de las condiciones de vida. Detr�s de ese porcentaje hay trabajadores que han dejado de elegir entre pagar el alquiler o llenar la nevera, j�venes que han podido independizarse, familias que han recuperado margen para vivir con algo m�s que lo justo.Pero hay un dato especialmente relevante: el impacto en las mujeres. La subida del SMI y la reforma laboral han contribuido a reducir la brecha retributiva, porque eran ellas quienes estaban sobrerrepresentadas en los salarios m�s bajos y en los empleos m�s precarios.Adem�s, estos avances han ido acompa�ados de una reducci�n de la desigualdad a m�nimos hist�ricos y de un aumento de la productividad, con empresas que crecen, se estabilizan y apuestan por sectores de mayor valor a�adido.Con todo, ser�a irresponsable no mirar tambi�n lo que queda por hacer. La vivienda se ha convertido en el principal factor de desigualdad y en una fuente creciente de angustia para millones de personas. Hoy, incluso con empleo, muchas familias no pueden acceder a un hogar digno. Esto no es solo un problema econ�mico, es una cuesti�n de pa�s. Afrontarlo exige actuar con determinaci�n sobre el mercado del alquiler, frenar la especulaci�n y desplegar una pol�tica p�blica de vivienda asequible que est� a la altura del desaf�o.En el �mbito laboral, persiste una realidad profundamente injusta: cada semana se realizan en Espa�a 2,5 millones de horas extraordinarias no pagadas. Son horas y dinero robado a la gente trabajadora. Por eso, el registro de jornada no es una cuesti�n burocr�tica, sino una herramienta para devolver ese tiempo y ese salario a quienes lo generan.Cada una de las decisiones que hemos tomado en estos a�os fue recibida con el mismo argumento: que no era posible, que iba contra la econom�a. Sin embargo, la experiencia ha demostrado lo contrario. Hemos cambiado el marco del debate y demostrado que hab�a otra forma de hacer pol�tica econ�mica. Espa�a ha logrado crecer m�s, crear m�s empleo y mejorar su calidad al mismo tiempo. Hemos demostrado que cuando la econom�a se pone al servicio de la mayor�a, los datos mejoran porque mejora la vida de la gente.Queda legislatura. Y quedan muchas vidas que mejorar. Por eso vamos a seguir.Yolanda D�az, vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Econom�a Social.
No es la econom�a, es el mercado laboral, stupid!
Durante muchos a�os, en Espa�a se repiti� una frase que termin� por calar como una verdad indiscutible: "esto es lo que hay". Se nos dijo que la temporalidad era un...















