Cuando murió su marido, hace dos años, Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) empezó a escribir Historias de fantasmas (Seix Barral/Edicions 62), un libro que le sirvió para enfrentarse al abismo del “tiempo desvanecido”, iniciar el proceso de duelo y encajar la vida en soledad tras 43 años de matrimonio. Si el que se fue, víctima de un cáncer que la autora relata con crudeza pero sin perder el sentido del humor, no hubiera sido Paul Auster, daría lo mismo, asume, porque esta obra no es una biografía del novelista, sino un canto de amor perdido. “La realidad más dolorosa de este mundo no es amar a alguien y perderlo por la muerte, sino la incapacidad de amar”, argumenta.La mente y el cuerpo“El proceso de completar es parte de las presencias: yo sabía que era Paul”Las primeras notas del libro son de apenas unos días después del entierro, ¿reescribió mucho después?No. Empecé a mediados de mayo. Paul falleció el último día de abril. Y tenía una idea clara. Sabía lo que iba a incluir. Algunas cosas nunca cambiaron, como los primeros párrafos. Simplemente los escribí. Luego había otras partes del libro, algunas de las más reflexivas, en las que reescribía y a menudo eliminaba texto para evitar que el equilibrio se hundiera. Sobre todo, reflexiones científicas sobre las presencias y sobre el duelo, para asegurarme de que el ritmo del conjunto estuviera bien.La presencia, o la aparición, de Paul Auster se produjo el mismo día de su entierro y para usted fue una experiencia muy feliz. ¿Anhela su regreso?Eso no puedes controlarlo. Intenté dejarlo muy claro, porque tiene una larga trayectoria en la literatura neurológica. Y había leído muchísimo sobre las presencias antes de tener la mía. También mencioné que, cuando era adolescente, en la pubertad, experimentaba una presencia muy negativa al pie de las escaleras. No me resultaba algo desconocido. Lo interesante de esta ocasión fue que nunca volvió. Algunas personas las tienen repetidamente. Después de escribir este libro, mucha gente me ha hablado de sus presencias. Pero creo que lo que ocurre es que la realidad perceptiva subjetiva de uno se ve radicalmente alterada por la muerte.¿Hasta lo sobrenatural?El sistema nervioso es muy sensible a la privación. Por la noche soñamos, creamos imágenes, y si metes a alguien en un tanque de privación sensorial, al cabo de diez minutos empieza a alucinar espontáneamente. Todos tenemos un punto ciego en ambos ojos. Nunca lo vemos. Y deberíamos verlo. Desde el punto de vista científico, no hay ninguna razón por la que no lo veamos. Lo completamos mentalmente, y creo que ese proceso de completar es parte de las presencias. Algunas personas tienen alucinaciones en toda regla con los muertos. En mi caso, sabía que era Paul. Sabía que estaba allí mirándome, comprobando que estuviera bien. Y fue maravilloso. En situaciones extremas es más probable. Esta sensación de presencia es un fenómeno muy conocido en neurología, y por eso cito a William James, que tiene la certeza absoluta de que ese “algo” forma parte de la experiencia. Una combinación de trabajo filosófico, fenomenológico y neurológico puede explicar esto en parte. ¿Lo explica todo? No.El duelo y la ausencia“Los latidos de mi existencia se vieron completamente alterados”Afirma que el duelo no fue solo por Paul, sino también por verse sola, sin su compañero.El momento inmediatamente posterior a la muerte supone un shock para la fenomenología subjetiva, nuestra realidad sensorial e intelectual de la vida. Y cuando pierdes a tu pareja o a alguien con quien has convivido durante años, pierdes ese ritmo de la vida cotidiana, de la realidad diaria. Yo sabía que Paul había muerto. Lo sostuve mientras moría. Así que nadie tenía que decírmelo. No esperaba que entrara por la puerta. No esperaba despertarme a su lado. Nada de eso. Pero el ritmo de mi vida, los latidos de la existencia, se vieron completamente alterados por su ausencia. Han pasado dos años desde su muerte y esa realidad empieza poco a poco a adaptarse a esa falta.Los límites de la física“Mi postura es la de la neurociencia encarnada: no hay conciencia sin cuerpo”A partir de sus indagaciones científicas, cuestiona la separación entre cuerpo y mente de la cultura occidental. Argumenta que la física no puede explicar la conciencia...Sí. Llevo muchos años estudiando el problema mente-cuerpo y la física es solo una parte. Mi postura, en realidad, coincide en gran medida con lo que ahora se conoce como la nueva generación de neurocientíficos, que han adoptado una perspectiva encarnada respecto a la conciencia. En otras palabras, no hay conciencia sin un cuerpo. A diferencia de Descartes, quien tenía una postura dualista: aquí está la mente, no tiene extensión, así que es una sustancia diferente del cuerpo.Y ahora ha llegado la inteligencia artificial...La postura más antigua se remonta a Turing. Es interesante, porque, cuando habla de la conciencia de las máquinas, dice que quizá podamos replicar formas de inteligencia en una máquina, pero hay muchas cosas que una máquina no podrá hacer, y menciona la comida, el sexo y el deporte. Y eso es completamente cierto. Este tipo de placeres humanos no son realmente posibles en una máquina. Y luego está Hobbes, que tenía una visión completamente mecanicista tanto del pensamiento como del movimiento y de todo lo demás. Por eso hay gente del ámbito de la IA que dice que va a descargar su conciencia en una máquina y que así se conservará para siempre. Es una versión de Descartes. Yo no creo en eso. Creo que somos criaturas encarnadas y que no se puede reducir nuestra conciencia al cerebro.¿Por qué no?Bueno, no es tan difícil de entender. No podemos hacerlo porque estamos constantemente en un bucle. Con lo que hay fuera de nosotros y con los demás. Y eso significa que no se puede decir que la memoria es el hipocampo, o que el equilibrio es el cerebelo, o que nuestras funciones ejecutivas están en la corteza prefrontal. Ahí es donde radica mi crítica. Hay muchos científicos que están de acuerdo conmigo. Así que no es anticientífico ni siquiera antifísico. Los físicos tienden a ser platónicos, porque se ocupan de cosas realmente misteriosas, ¿verdad? La física cuántica es misteriosa.Mucho, desde luego...Conocí a Carlo Rovelli en el jurado de un premio de filosofía. Ya había leído sus libros. Él habla de la relación, del entre , de lo que yo comento con Siri y Paul. Es un aspecto fundamental del universo, así es como interpreta el entrelazamiento y ese tipo de cosas complicadas. No sé hacer los cálculos, pero sí sé que se puede abordar la idea de la relación y lo que yo llamo el entre desde múltiples puntos de vista, incluyendo la física y la biología. Hay un ejemplo que me encanta, algo llamado proteínas intrínsecamente desordenadas. Los científicos las conocen desde hace tiempo, pero pensaban que eran excepciones y las dejaban de lado. Ahora saben que cuanto más alto es el nivel o más complejo es el organismo, más proteínas de este tipo hay presentes. Son salvajes, indomables, y lo que acaban haciendo depende totalmente de la proteína con la que se asocian.Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid