Durante los primeros compases de cada nuevo frente judicial que ha ido cercando a Pedro Sánchez, en el PSOE se impuso una consigna clara: cerrar filas y sostener que no existían motivos para alterar el rumbo de la legislatura porque, en el fondo, todo respondía a una operación de desgaste contra el presidente y su entorno. Pero a medida que se acumulan los episodios y Moncloa y Ferraz no ofrecen explicaciones que permitan pasar página, dentro del partido empieza a imponerse otro estado de ánimo: el desasosiego. La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y el último auto de la Audiencia Nacional, que sitúa al PSOE en el foco de una presunta operativa para tratar de interferir o desacreditar causas penales, están enfriando el cierre de filas en algunos sectores socialistas, donde empieza a extenderse la sensación de que el argumentario ya no alcanza para contener el desgaste.No se trata todavía de una contestación organizada al liderazgo de Sánchez, pero algunos dirigentes sí dan las primeras señales de cambio de ciclo, al pasar de defender la posición oficial del partido a marcar su propia línea. La sensación que empieza a extenderse es que la estrategia de esperar y resistir se queda corta ante una sucesión de acontecimientos que impide recuperar iniciativa política. Algunos incluso ironizan con que este miércoles, cuando la UCO accedió a Ferraz, ya no se sabía ni "por qué caso iban". "Eso es terrible", reconoce una fuente. Es una mezcla de agotamiento, desconcierto y falta de referencias claras sobre cuál es el plan para salir del bucle que ya se extiende en varias capas del partido."Hay desasosiego y ya nos estamos acostumbrando", apunta un dirigente territorial del PSOE, que señala a ese bucle que, en solo tres semanas, ha pasado por un batacazo electoral y dos imputaciones relacionadas directamente con el actual partido, como son la de Zapatero y la de la gerente del PSOE. "Están pasando demasiadas cosas para tanta calma. Cada vez hay más desconcierto", señala una dirigente de una federación del partido. La incomodidad es mayor porque muchos dirigentes consideran que el problema ya no es únicamente la acumulación de causas, sino la falta de explicaciones sólidas por parte de la dirección. El argumento de esperar a que hablen los tribunales ya "no es suficiente" para muchos, puesto que cada nuevo episodio vuelve a abrir el debate. Algunos cargos dejan aflorar su malestar por las dificultades de sostener una explicación coherente que la dirección no les ofrece. "Que no sea un registro si no un requerimiento ya se celebra como una victoria...", ironiza un diputado socialista. Hay voces que cargan contra las explicaciones que dio el propio presidente desde el Vaticano, en las que dijo que no había motivos para el adelanto electoral porque, a su juicio, terminar la legislatura antes de tiempo no es velar por el "interés general de los ciudadanos", porque lo que estos necesitan es la "estabilidad" que les brinda que él siga gobernando."Lo único que ha dicho es que está todo bien, estupendo y para delante. No convocamos elecciones porque no queremos arrasar y ya está", ironiza, muy enfadado, un parlamentario socialista. Precisamente, fue la respuesta que dio Sánchez al barón Emiliano García-Page tras pedirle o un adelanto electoral o una cuestión de confianza. Otros admiten que ya no basta con apelar a la presunción de inocencia o denunciar una ofensiva política y judicial si no existe un relato capaz de sacar al partido del estado de defensa permanente en el que lleva instalado semanas. "Los militantes llevan muchos días en una situación de shock", reconoce un dirigente socialista madrileño. Ese desgaste empieza incluso a reflejarse en los movimientos internos de algunas federaciones. El PSC optó por marcar perfil propio después de que la Audiencia Nacional reclamase documentación relativa a la campaña electoral de Salvador Illa en 2024. Mientras en Ferraz predominaba el silencio y la cautela, los socialistas catalanes emitieron rápidamente un comunicado para subrayar que ya habían entregado toda la documentación requerida y recalcar que el PSC —y no el PSOE— "ha respetado en todo momento la legislación electoral y ha actuado con total transparencia"."El auto no contiene ninguna afirmación que vincule la campaña electoral catalana con los hechos investigados", remachaban desde el PSC, en un intento de acotar daños. En paralelo, la dirección federal del PSOE se limitaba a trasladar que estaba recabando información y a reiterar su "total colaboración" con la justicia, refugiándose en la línea marcada por Pedro Sánchez. Y es que el presidente defendió que la gerente socialista llevó las cuentas del partido "de manera escrupulosa" y aseguró que, si se detectan conductas "irregulares", el PSOE actuará con "contundencia", como ya hizo en otras ocasiones. Es decir, aislando a las presuntas ovejas negras, pero tratando de preservar intacto el proyecto político y evitar que el desgaste termine cuestionando la continuidad de la legislatura.La situación coloca a Sánchez ante uno de los dilemas más delicados de estos ocho años en Moncloa. Hasta ahora, el presidente ha demostrado que su principal fortaleza política es resistir pero, para ello, necesita que el partido resista con él.
Las filas socialistas empiezan a dudar de la estrategia de Sánchez ante la falta de explicaciones: "Estamos saturados"
En el partido se extiende la sensación de que están ocurriendo demasiadas cosas como para mantener una aparente normalidad. Varios dirigentes hablan de “desasosiego” y nerviosismo creciente dentro del PSOE. Además, las palabras de Sánchez desde el Vaticano han irritado a algunos sectores.















