En 1992, Bill Clinton, en la campaña contra George Bush padre, dijo en un debate de campaña: "Es la economía, estúpido". Yo esta semana asistí a un debate en la sede de la Comisión Europea en Madrid entre Ndaba Mandela, nieto de Nelson Mandela, y Sonia Díez, de la Fundación EducAcción, y me ha salido el mismo titular de este artículo. Mandela defendió el legado de su abuelo que priorizó la educación en Sudáfrica en 1994. En esa época, un 20% de los sudafricanos eran analfabetos y la mayoría de la población negra estaba sin escolarizar, y era la principal causa de pobreza y desigualdad que provocaba el apartheid. Desde entonces, el Estado gasta el 20% de sus recursos en educación, casi la totalidad de los niños están escolarizados y, aun así, Sudáfrica está muy atrás en los rankings de capital humano del mundo. En muchas regiones españolas la situación era similar cuando murió Franco. Uno de cada cuatro andaluces era analfabeto en 1975 y la mitad estaba sin escolarizar y, sin tener un problema de discriminación racial, el nivel educativo era determinante para explicar la pobreza y la desigualdad. La educación es un bien privado, pero si dejas al mercado que resuelva el problema, fija un precio tan alto que excluye a buena parte de la educación. Por eso, los economistas decimos que es un bien preferente que puede ser privado, pero que está justificada la intervención pública para aumentar el nivel de capital humano del país. Eso aumenta la competitividad, la productividad, los salarios, y esos niños que fueron educados devuelven al Estado con creces su ayuda pagando impuestos durante el resto de su vida. España ha mejorado significativamente los recursos que invierte en educación y ha convergido en indicadores educativos con el promedio de los países desarrollados. La educación pública es universal y eso ha permitido reducir drásticamente la pobreza severa, y aumenta desde hace veinte años por el efecto de llegada de inmigrantes. Hemos priorizado la equidad, pero estamos empeorando en eficiencia. El año 2000, en que Pujol y Arzalluz impusieron a Aznar las transferencias de educación, coincide con el inicio del boom de la inmigración y, desde entonces, la productividad y los salarios están estancados y España no ha parado de caer en el ranking del informe PISA que elabora la OCDE para más de 80 países. Habrá más causas, pero en un mundo de cambio tecnológico y en la era del conocimiento, un país que baja su calidad en educación ayuda a explicar que no progrese en renta por habitante y calidad de vida. Sonia Díez ha gestionado colegios toda su vida y conoce bien el problema y ha decidido crear su fundación y ponerse al frente de la solución. Su discurso fue lo más progresista que yo he escuchado en mucho tiempo en España y en Europa. Europa está en crisis y quiere mejorar su competitividad; el pilar del edificio será la educación o no será. En España, de facto, hemos pasado de un modelo muy centralizado a uno confederal y hay 17 sistemas educativos diferentes. Es necesario rediseñar las instituciones encargadas de coordinar las políticas educativas con el objetivo de que cualquier niño, en cualquier región y cualquier estrato social, tenga las mismas oportunidades. Y a la vez que se rediseña eso, hay que potenciar la eficiencia y la excelencia educativa. Formar a toda la población es condición necesaria para progresar, pero no es suficiente. España tiene la mitad de porcentaje de niños en secundaria en el informe PISA con nivel alto de matemáticas y ciencias, eso se traduce en menos alumnos que eligen carreras STEM técnicas, eso reduce la oferta de mano de obra cualificada, eso reduce la capacidad de las empresas para incorporar el cambio tecnológico en la producción de bienes y servicios y eso limita el crecimiento potencial, el aumento de los salarios y hace insostenible el actual sistema de pensiones. No se trata de recentralizar. Se trata primero de que la sociedad española sea consciente de que tenemos una crisis y asumir que los chinos, los polacos, los coreanos, los taiwaneses y los israelíes forman mejor a sus jóvenes y son más competitivos que nosotros. Se trata de coordinar las políticas educativas y de recuperar el consenso de la Constitución para alcanzar un pacto de Estado y respeto institucional, al menos de los dos grandes partidos. No es sólo una cuestión de más recursos, hay que reducir la burocracia y empoderar a los centros y a los profesores y exigirles por resultados, especialmente en la educación pública, que sigue formando a tres de cada cuatro niños en España. Se trata de formar a los profesores primero y a los niños en el uso de las nuevas tecnologías y que aprendan ese nuevo lenguaje. Se trata de que la educación y el conocimiento sean prácticos, como defendía Giner de los Ríos, de la Institución Libre de Enseñanza. Y superar ya el conflicto religioso o pública versus concertada, que siempre acaba rompiendo el consenso. Si yo fuera presidente del Gobierno o de la Comisión Europea, aplicaría tres políticas prioritarias en España y en Europa: educación, educación y educación. En 1992, Bill Clinton, en la campaña contra George Bush padre, dijo en un debate de campaña: "Es la economía, estúpido". Yo esta semana asistí a un debate en la sede de la Comisión Europea en Madrid entre Ndaba Mandela, nieto de Nelson Mandela, y Sonia Díez, de la Fundación EducAcción, y me ha salido el mismo titular de este artículo.
Es la educación, estúpidos
Si yo fuera presidente del Gobierno o de la Comisión Europea, aplicaría tres políticas prioritarias en España y en Europa: educación, educación y educación














