El Gobierno de la Comunidad de Madrid ahoga la educación superior utilizando una caricatura ideológica injusta
El pasado 27 de noviembre, en Madrid, se produjo un hecho insólito. Con la Puerta del Sol a punto de llenarse de manifestantes que reclamaban a pleno pulmón una universidad pública de calidad, la presidenta del Gobierno de la Comunidad lanzó en redes sociales
iazAyuso/status/1994071921726554487" data-link-track-dtm="">un mensaje difícil de entender: “Yo, sí”, afirmaba, junto a un corazón rodeado por el lema “Formada en la universidad pública”. Cuando, en un periodo de bonanza económica, el sistema universitario madrileño se asfixia a causa de una crónica infrafinanciación, la responsable última de su maltrecho estado comunica al mundo su orgullo por haber cursado la carrera en la Complutense, el mayor y más antiguo de sus centros, que anda estos meses al borde de la ruina. No tuvo mucho éxito entre quienes respondieron a su sentida declaración, que la acusaron de cinismo y de cosas peores.
Lo cierto es que Isabel Díaz Ayuso se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. No se trata de un caso excepcional en su propio Gobierno: de los nueve consejeros que lo integran, seis se graduaron también en la Complutense, dos en la Politécnica de Madrid y uno en la de Murcia, todas públicas. La titular de Economía, Hacienda y Empleo, Rocío Albert López-Ibor, que regatea recursos vitales a los campus, es incluso profesora en la principal universidad madrileña. La presidenta fue nombrada en 2022 alumna ilustre complutense. Más allá de constatar la enorme eficacia de estos organismos a la hora de suministrar dirigentes a la política autonómica, este raro fenómeno exige una explicación.






