Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00La hegemonía que moldea el comportamiento electoral desde las aulas es un problema.Los partidos y los dirigentes que no se interesan por las implicaciones políticas y económicas de la reproducción de la cultura, es decir, que no les importa la llamada “batalla cultural”, tienen un compromiso incompleto sobre el destino del país, dicho suavemente.En Colombia, la hegemonía cultural reforzada después de 1991 a partir de preceptos garantistas y otros de la Constitución no había alcanzado para ganar una elección presidencial. Ocurrió y hoy un tercio del electorado está dispuesto a ir más lejos.Si gana la oposición en 2026, será imperativo abordar la reproducción cultural en escuelas, universidades, sindicatos y justicia. Con una importante distinción paradójica: se libra la batalla cultural desde la arena político-electoral y desde el gobierno se hace reforma cultural, no batalla.Al menos desde el punto de vista liberal, el Estado no es un instrumento de unos sectores contra otros y debe guardar una cierta neutralidad. El Estado debe asegurar unos fundamentos comunes en la cultura de la población, a partir de los cuales haya divergencias en la sociedad, sin volver militante al Estado de una de las facciones o visiones en disputa.Claramente, esa no es la aproximación de origen marxista. En efecto, con el gobierno Petro se acentuó la toma ideológica y política de la educación (mediante el lenguaje de actos administrativos del ministerio, por ejemplo), el principal campo de batalla cultural. Sin embargo, mal haría un próximo gobierno de signo contrario si intentara lo mismo.Lo que procede es más fino y decisivo: defender y establecer como fundamentos comunes de la cultura los valores de la civilización liberal-democrática (racionalidad, pluralismo, respeto a la evidencia, ética del trabajo, ciudadanía autónoma, orgullo nacional no excluyente o patriotismo). Una defensa a fondo para pasar por la criba narrativas y discursos incontestados.La izquierda radical tendrá que decidir si acoge esos fundamentos comunes o nos confirma que su proyecto político es incompatible con los presupuestos liberal-democráticos, a diferencia de la centro-izquierda.Ciertamente, los valores propuestos, sin que sean propiedad de la derecha o la izquierda, producirán arraigo cultural del Estado de Derecho, la separación de poderes o el sufragio libre y universal, y si eso no les gusta porque fueron amamantados en la “dictadura del proletariado”, en todo caso va la reforma cultural, de la que depende nuestro futuro.Pongamos por caso la necesidad de una nueva cultura económica (a través de la educación). Un conjunto de valores, actitudes y disposiciones favorables al desarrollo económico: orientación al trabajo y al esfuerzo, tolerancia al riesgo, horizonte temporal (presentismo vs. inversión en el futuro y ahorro), confianza interpersonal e institucional, actitud ante la propiedad, el contrato, la competencia. Una reforma de la cultura de los derechos por la gracia de existir.No es retórica. Hay que ajustar el currículo y la pedagogía y, claro, la formación de los docentes. Historia colombiana como asignatura independiente: hasta la primaria (11 años), orgullo nacional por logros documentados, una narrativa compartida de nación. En secundaria, las dos interpretaciones rivales de la historia en el aula, a disposición en libros de texto proporcionados por el gobierno. Adiós al currículo como instrumento de adoctrinamiento. Ya estuvo bueno del descaro de un partido político financiado por un sindicato cuya influencia y beneficios económicos de los afiliados están relacionados con inculcar una visión política (y el odio a un “enemigo”), adobada de valores anti-todo que son una talanquera para progresar. Y hay que enseñar geografía para que no sean sobre todo los narcotraficantes y matones los que saquen provecho económicos de nuestros mares y ríos.@DanielMeraVConoce más
Batalla y reforma cultural en la educación
“La hegemonía que moldea el comportamiento electoral desde las aulas es un problema”: Daniel Mera














