Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Para que quede claro: no pertenezco a ningún partido, estoy fuera de la contienda electoral. De paso, suelo ser remiso a la práctica de revelar el sentido del voto personal. Hay periodistas que piensan que tienen el deber de orientar. Eso es muy respetable. Pero yo no quiero caer en el peligro que encarna ese ejercicio. Puede ser calificado como una concesión a cierta tentación narcisista (¿a quién realmente le importa lo que uno diga?) o el uso del derecho a opinar para obtener ventajas. Eso está fuera de consideración en mi caso. Por fuera de la política electoral ya no tengo aspiraciones de ninguna clase.Pero como de todos modos me indagan sobre “a quién va a apoyar”, comienzo por invertir la dinámica de esta cuestión: frente a los independientes como yo, la pregunta es otra: señor candidato: ¿cómo me va a convencer de votar por usted? Y ese convencimiento, en el actual estado de cosas, ya no se limita a la letanía de promesas. El punto crítico es qué garantías reales ofrecen para evitar la posibilidad en ciernes de que Colombia se convierta en una democracia iliberal. Este término parece un oxímoron. Encierra una contradicción. Pero no hay que equivocarse. La erosión de la democracia por dentro es una realidad.Los primeros síntomas se ubican en Europa. Figuras como Viktor Orbán en Hungría (recientemente derrotado) y Jaroslaw Kaczynski en Polonia. En Italia Matteo Salvini con su Liga Norte. Marie Le Pen en Francia y Vox en España. A su vez, la Turquía de Ataturk, bastión del secularismo, fue cediendo de manera lenta para sobrevivir en un mundo islámico cada vez más radical. Vino también Narendra Modi en la mastodóntica democracia India.Cada vez tuvieron más éxito movimientos populistas sobre todo de derecha extrema, acaballados en las controversias sobre la inmigración. Berlusconi, la Alternativa para Alemania, Vox. El Estado de derecho nórdico parecía inmune, pero ya eso no está garantizado. Y en cuanto a Latinoamérica, el fenómeno se ha extendido tanto a la derecha como a la izquierda. Juan Domingo Perón y los Kirchner, para desembocar en Milei. Hugo Chávez. Bolsonaro. Fujimori, Humala y Pedro Castillo. Andrés Manuel López Obrador, Rafael Correa, Bukele y, por supuesto, Gustavo Petro. Y Trump que está desfigurando los contornos centrales de la democracia norteamericana.La pregunta que sigue, entonces, es esta: ¿qué es esencial en la democracia?Libertades personales efectivas, reconocimiento de los derechos de la oposición, pluralidad de partidos, separación e independencia de los poderes públicos, jueces capaces de controlar al gobernante, transparencia en la gestión, responsabilidad política de los funcionarios, sometimiento de todas las autoridades a la Constitución y la ley, respeto por los derechos de las minorías y subordinación de la fuerza pública al poder civil legítimo.En este momento tengo reparos serios a ambos candidatos. Creo firmemente que los dos generan riesgos para el Estado de derecho. Y en esta dinámica, esperaría que en este tramo de la campaña surjan garantías para eliminar esos riesgos. Sobre De la Espriella señalo que, aunque es necesaria una política de seguridad, no creo que el bukelismo sea la mejor opción. La solución en Colombia no consiste solo en mano dura. La propuesta que anuncia Abelardo puede ocasionar una mayor confrontación. Y aunque creo que la Paz Total es un fracaso, tampoco estoy de acuerdo con eliminar la posibilidad de un diálogo serio. Me opongo a acabar la JEP. Implicaría un revés frente a un Acuerdo exitoso cuyas dolencias provienen, precisamente, de la falta de implementación. Es verdad que ha tomado mucho tiempo y que ha caído en vericuetos legalistas distantes de lo que fue genuinamente pactado. Pero con todo, aunque puede ser necesario afinar su proceder, es un instrumento crucial para la consolidación que el Acuerdo del Teatro Colón que sigue siendo una guía para el futuro de Colombia. Es grave la pretendida separación entre el derecho y la ética que plantea el candidato. Abre puertas preocupantes.La frase “por la razón o por la fuerza” no debe tener cabida entre nosotros.Y en cuanto a su talante, la agresividad y el radicalismo de derecha que ha demostrado, creo que no son el mejor camino para Colombia.Por el lado de Iván Cepeda, aunque le reconozco su trabajo por la paz, y la ayuda que brindó en La Habana, no me produce tranquilidad su silencio frente a desbordamientos del gobierno. Ante vacilaciones iniciales, abrazó luego una propuesta de Constituyente que destruye el Estado de derecho. Una cosa es que la Constitución se puede modificar, pero la propuesta avalada por Cepeda, además de destructiva, se basa en votaciones por estamentos, que fue la fórmula de Mussolini y Laureano Gómez, en menoscabo del sufragio universal. Ahora se anuncia que el gobierno retirará la iniciativa. Lo malo es que lo mismo se gravó en mármol en 2018 y se incumplió. Por su apego a la estatización de la economía. Si se pierde libertad económica hay pérdida de libertad política. Es una fórmula que termina presa de una pavorosa ineficacia burocrática. El silencio frente a graves casos de corrupción sólo fue respondido con una gaseosa propuesta de revolución ética bastante etérea. Su explicación de la violencia solo por causas objetivas es insuficiente. La pobreza incide en el reclutamiento, pero termina siendo disculpa para ablandar la seguridad territorial.Temo que venga un deterioro de nuestra democracia, gane quien gane. No propongo resignación ni abulia. Aunque hoy parecemos una minoría diluida en el mar de pasiones, ahí estamos. Somos muchos. Como prospectiva, lo que nos corresponde a los insatisfechos es acudir al trabajo político en torno al renacimiento del sentimiento republicano, del Estado de derecho, de las libertades, del manejo ortodoxo de la economía, de la visión liberal (no hablo del partido) sobre la necesidad de que la gestión pública se base en la evidencia, sobre la recuperación de la ciencia. Todo un ideario para el futuro, ya que ahora, en este 2026, todo esto ha resultado maltrecho. Creo que ahí está el mejor futuro para Colombia.Conoce más