El juicio a Francisco C. V., un sacerdote católico que presuntamente, entre 2016 y 2019, sedó con químicos a cuatro mujeres y luego, cuando estas estaban inconscientes, las violó en repetidas ocasiones y lo grabó, ha comenzado este lunes en la Audiencia de Málaga. La lectura del escrito de acusación de la Fiscalía, al que ha tenido acceso este periódico, deja una narración escalofriante y describe el mismo modus operandi para todas las víctimas: primero el cura, párroco de las localidades malagueñas de Ardales y Carratraca y vicario parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de Álora, se ganaba su confianza. Luego, en esa situación de falsa camaradería, las llevaba a algún lugar seguro y allí las sedaba y las violaba. El resultado quedaba grabado en vídeo. La Fiscalía pide en total 72 años de prisión para el sacerdote por cuatro delitos de abuso sexual con penetración (doce años por cada uno de ellos), otros cuatro de lesiones (tres años por cada uno) y otros cuatro de revelación de secretos (tres años por cada uno), con el agravante de abuso de confianza y alevosía.PublicidadLos fiscales también reclaman que el cura pague 1,2 millones de euros a las víctimas, 300.000 euros a cada una en concepto de indemnización por las secuelas psíquicas que las cuatro han sufrido, y el daño moral y hace al Obispado de Málaga responsable civil subsidiario, es decir, que en caso de impago, sería la Iglesia Católica la que pagaría. El Obispado, cuando recibió las primeras denuncias en las navidades del año 2022 al 2023 provenientes de una novia, R. T. R., con la que el sacerdote convivía en Melilla donde entonces estaba destinado, hizo caso omiso de ellas y, como en tantas otras historias de abusos sexuales que les afectan, se limitó, según la Fiscalía, a echar tierra sobre el caso y a trasladarlo a otra parroquia en la provincia de Málaga. Allí, incluso, según publicó en su momento el portal especializado Religión Digital, dio misa el día antes de ser detenido. Así recoge la Fiscalía lo sucedido. Ellas "no fueron conscientes ni tuvieron conocimiento en ningún momento de los hechos" y continuaron "su relación de amistad y confianza con el acusado a lo largo de los años, hasta que finalmente, en las navidades de 2022 al año 2023, R. T. R., pareja sentimental [del sacerdote], en el domicilio parroquial en que cohabitaban, en Melilla [donde estaba entonces el sacerdote] encontró, casualmente, un disco duro externo, que procedió a visionar, en la creencia de que había allí grabadas películas o series de televisión, encontrando, en cambio, grabaciones y fotos sexuales de todas las perjudicadas". La sesión de la vista oral de este lunes se abrió con la declaración de R. T. R., quien manifestó ante el tribunal: "No podía creer lo que estaba viendo", según recoge Europa Press. "Esas imágenes no me las puedo quitar de la cabeza, tengo pesadillas con eso", agregó. La denunciante recordó que en las carpetas del disco duro había imágenes en las que cada víctima estaba "inconsciente", "completamente muerta", al estar drogada o sedada, mientras él las violaba.Cuestionada por cómo supo que el de los archivos era el acusado, respondió: "Porque conozco cada lunar de su cuerpo". Luego, agregó que, una vez, en una conversación "subida de tono" que mantuvieron los dos, él le mandó una foto "de su miembro" donde tiene "una mancha". "Reconocí que era él", reiteró. La testigo añadió que hizo una copia de todas las carpetas y que abordó lo descubierto con el propio acusado, que reaccionó autolesionándose, lo que, dijo, hacía cuando discutían. R. T. R. mantuvo durante casi un año una relación con el sacerdote, que no se ocultaba de cara a algunos amigos de él.Publicidad"Fue en ese momento —se lee en el escrito de la Fiscalía— cuando R. T. R., consciente de la gravedad de los hechos que había descubierto, cometidos por la que fue su pareja sentimental desde mayo de 2022 a mayo de 2023, intentó ponerlo en conocimiento de las autoridades religiosas de Melilla y Málaga, bien personalmente, bien a través de correos electrónicos". Sin embargo, según el escrito de acusación de los fiscales, el Obispado no tuvo "a bien" ni escucharla ni abrir una "colaboración con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad". Tampoco tomaron "medida alguna, más allá de trasladar al acusado a las parroquias de El Burgo y Yunquera". R. T. R. relató este lunes en el juicio las presiones que sufrió en ese momento y que intentó en muchas ocasiones informar al Obispado de Málaga, pero, afirmó, se sintió "abandonada". "Me cerraron las puertas", indicó. Ante este estado de cosas, R. T. R. decidió denunciar lo sucedido ante la Policía Nacional. Lo hizo el 24 de agosto de 2023, según la Fiscalía, y en ese momento le entregó a los agentes "copia del material elaborado" por el sacerdote.Solo "en ese momento", las víctimas "tuvieron conocimiento de la situación". El cura ingresó en la cárcel el 12 de septiembre de 2023, donde permanece en prisión provisional. En la sesión de este lunes también han declarado las cuatro víctimas. Lo hicieron a puerta cerrada para preservar su intimidad. El juicio continúa el miércoles y está previsto que el acusado declare al final.PublicidadEl actual obispo de Málaga, José Antonio Satué, quien tomó posesión el año pasado —el anterior obispo, Jesús Catalá, renunció en junio de 2025— pidió el pasado viernes "perdón" en nombre de la Iglesia, "a todas las personas que en esta y otras situaciones similares no han encontrado en la Iglesia la comprensión y el apoyo que debieron recibir". Aunque Satué manifestó, según recoge Europa Press, estar dispuesto a "colaborar económicamente en la reparación de los daños", los abogados del Obispado defienden ante la Audiencia que no se debe condenar a la Iglesia como responsable civil subsidiario. El obispo también dijo que trasladó hace un mes a las víctimas su disponibilidad para encontrarse con ellas, "para escucharlas y para explicarles, si lo desean, la posición de la Iglesia ante esta situación", algo que no se ha producido. Esa posibilidad también se le trasladó, dijo Satué, al sacerdote enjuiciado. El obispo manifestó además que la Iglesia abrió un procedimiento canónico, que quedó a la espera de la resolución de los tribunales ordinarios y que actualmente el sacerdote, en prisión, no puede ejercer como cura.El escrito de acusación de la Fiscalía detalla los abusos cometidos sobre las mujeres. Los cuatro relatos son similares: primero el sacerdote se ganaba su confianza —en uno de los casos la relación se remontaba hasta el año 2004— y luego aprovechaba la cotidianeidad de las relaciones para aprovecharse de ellas. Además de las violaciones, efectuadas bajo el efecto de químicos, también las grababa con escasa ropa sin su consentimiento. En el caso de una de las víctimas, constan grabaciones en la causa de fecha 3 de diciembre de 2016 y de 6 de mayo de 2017, donde en un local propiedad del Obispado de Málaga, según los fiscales, "se puede observar" a una de las víctimas "en situación de profunda inconsciencia" y en la que "es sometida en diferentes ocasiones a penetraciones anales y vaginales, con los dedos y con el pene" sin que "la víctima en ningún caso pudiera hacer nada para evitarlo y sin que fuera consciente de esta situación en ningún momento".Antes, según el escrito de acusación, "dentro del entorno católico parroquial", el sacerdote "entabló amistad" con ella, quien, "debido a una situación personal difícil [...] acudió en busca de apoyo espiritual y emocional". "La fuerte relación personal entre ambos, propiciada por la condición de sacerdote del acusado, hizo que compartieran viajes y salidas, en las que era frecuente que la víctima pernoctara en los domicilios del acusado", prosigue el documento. "Aprovechando —añaden los fiscales— estas situaciones de fuerte confianza y amistad con la víctima, amparada por su condición de sacerdote, el acusado, sin que ella se percatara, le suministraba una sustancia desconocida (con toda probabilidad, éxtasis líquido o "alegría"), lo que la sumía en una profunda situación de somnolencia, en la que no era consciente de nada de lo que pudiera ocurrir, consiguiendo de esta manera, evitar cualquier defensa por parte de la víctima y asegurar la ejecución de lo que había planeado hacer: en esos momentos, el acusado, con intención de satisfacer sus deseos sexuales y sin que constara en ningún momento consentimiento de la víctima, ya que se encontraba privada de consciencia, aprovechaba para realizar tocamientos y en diversas ocasiones a realizar penetraciones anales y vaginales".