Hijo único y, por lo tanto, siempre bien protegido bajo el calor familiar, la personalidad de Rafael Jódar dio un giro de tuerca después de su triunfo en el US Open como júnior, en 2024. El joven madrileño, de 19 años, optó entonces por una ruta todavía poco convencional en el contexto del tenis español, la de la vía universitaria norteamericana. “Tenía dos opciones justo después de mi carrera juvenil: ser profesional o ir a la universidad, y al final elegí la universidad porque creo que Virginia (UVA) es un gran lugar para crecer como tenista”, declaraba entonces, cuando tomó el camino opuesto a Martín Landaluce. Su paisano apostó por adentrarse directamente en la competición, mientras que él prefirió ganar poso y formarse en un entorno cultural diferente.A partir de ahí, cuenta una persona que conoce al tenista desde que era pequeño, “todo cambió para él”. Es decir, cruzó el charco un Jódar y regresó “otro Rafa diferente”. En concreto, uno “más maduro tanto dentro como fuera de la pista” porque, aunque de por sí ya era un chico “responsable”, a España volvió uno todavía “más resuelto e independiente”. Durante la experiencia “tuvo que aprender a apañárselas él solito” y esa mili de un año explica, en buena parte, el buen devenir de un competidor que a diferencia de otros representantes de su generación, busca y encuentra las respuestas por sí mismo; algún que otro intercambio con su padre (y entrenador) durante los partidos, pero los justos por ahora. Consejos no le faltan, pero “ha crecido mucho”.Tanto que hace un año estaba fogueándose entre universitarios y ahora, en una escalada incomparable, aspira a colarse entre los veinte mejores del circuito (es 29º) tras apenas medio curso en la élite. “El año pasado, a estas alturas, estaba jugando challengers en Estados Unidos y vi Roland Garros por la televisión. Era un capítulo de mi vida completamente distinto. Esa etapa me ayudó mucho a desarrollarme como persona y también a convertirme en mejor jugador. Esos meses fueron una parte importante del proceso”, contaba tras desbordar a Aleksandar Kovacevic (27 años y 67º del mundo) y lograr así su primera victoria en el grande francés: 6-1, 6-0 y 6-4, en 1h 34m. Se enfrentará el miércoles al australiano James Duckworth (34 y 82º).Jódar siempre fue “disciplinado” porque, cuenta esta persona, “basta con echar un vistazo a cómo es el padre, y obtienes rápido la respuesta”. El hombre, un profesor dedicado a la formación física, ha ido cincelando junto a la madre (también docente) a un chico “serio” para el que ese año supuso un máster acelerado de vivencias y compromiso. “Aprendí muchísimas cosas allí, sobre todo a madurar. Vivir solo me ayudó a hacer las cosas por mi cuenta. Eran una cultura y una vida nuevas. La manera en la que afronté esos meses me sirvió muchísimo”, prolonga el madrileño, natural de Leganés y ahora instalado en el domicilio familiar de Chamartín; entre libros y pelotazos durante una etapa que reforzó un carácter de por sí aguerrido e impetuoso.Novato del AñoDe hecho, según el relato de The Cavalier Daily, durante un pulso con Stanford lanzó un bolazo contra una de las vallas de la pista y la acción le costó la descalificación automática, a pesar de haber ganado el primer set. Entonces había logrado enlazar 17 triunfos, dejando ya trazos de sus posibilidades. Su rendimiento anual en Virginia mereció el premio al Novato Nacional del Año de la ITA —que reconoce al mejor debutante universitario de EE UU— y el estatus All-American —los mejores del país durante el curso—. “Jugué muchos partidos y pude vivir sin mis padres, yo solo, por mi cuenta, así que aprendí mucho. Así que guardo muy buenos recuerdos de allí, de mis entrenadores [Andrés Pedroso como titular] y también de mis compañeros”, señaló al llegar a París.En términos técnicos y tácticos, también se nota la influencia de la escuela norteamericana. A la base de juego que adoptó en el Club de Tenis Chamartín le incorporó durante ese intervalo un plus de agresividad y el estilo incisivo propios de allá. Jódar, de 1,90, posee la base del peloteo, pero si por algo se distingue su propuesta es por un abordaje prácticamente continuo. El lazo a esa fase de reconversión fue el paso por el escaparate de las Next Gen ATP Finals. En Yeda se codeó con los maestros de menos de 21 años y se reafirmó: ahora sí, estaba preparado. Por tanto, adiós a Charlottesville y regreso a Madrid, situado ya entre los 200 más fuertes —gracias a una triple dentellada en los challengers, entre agosto y noviembre— y pulido desde varios ángulos.En aquella experiencia no logró superar la liguilla inicial por una carambola numérica, pero batió al favorito, Learner Tien. Hoy día, este es el 18º del mundo. “Hizo un camino diferente porque fue a la universidad, algo más habitual entre estadounidenses que entre europeos. Me impresiona mucho lo rápido que se está adaptando a la vida del circuito y al tenis profesional”, valora el jugador de Irvine, también inferior en el reciente cruce entre ambos en los octavos de final del Masters 1000 de Roma. Entretanto, la puesta de largo en París abunda en la progresión incesante del español, que en su primera aparición ofreció una muestra de autoridad contra un adversario que le sacaba siete años y con más de cien partidos (107) en los majors. “He hecho muy bien las cosas desde el principio. Y cuando las cosas se han complicado un poco, en el tercero, creo que he jugado muy bien los puntos de break, manteniéndome fiel a mi estilo”, apreciaba. “No tengo ninguna prisa. Creo que todavía tengo muchísimo que aprender”, prosiguió. Y remataba Jódar, uno de los protagonistas que más expectación ha generado en las últimas fechas: “Es cierto que hacía calor, pero no solo para mí, sino para todos. Claro que había nervios, pero he intentado afrontarlo con tranquilidad. Mi padre me ha dicho que disfrutara”.