El madrileño confía en que la experiencia contra Sinner le sirva de “lección” y el italiano reclama que no se le presione: “Se te mete en la cabeza y cuesta que salga”
Hay derrotas que duelen, y están esas otras que advierten de un advenimiento. Cae finalmente Rafael Jódar en Madrid, su hogar, pero queda de nuevo el poso generalizado de que el tenis ha ganado otro activo a contemplar: juego, frescura, hambre. Y juventud. Si los 19 años del español conquistaron recientemente Marrakech y dejaron un sabor de boca fantástico en la arena de Barcelona —antes en Australia o Miami—, esta vez los hechos describen una vertiginosa llegada, corroborada también por las palabras. Se expresa el número uno, Jannik Sinner, después del ejercicio de contención efectuado
="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/tenis/2026-04-29/hoy-por-hoy-demasiado-sinner-para-jodar.html" data-link-track-dtm="">(6-2 y 7-6(0), en 1h 56m) para desembarcar por primera vez en las semifinales del torneo: “Tiene todo lo que hay que tener”.
Como buen fuera de serie, el italiano intuye cuál puede llegar a ser el volumen competitivo del muchacho que apenas una hora antes le ha exigido prácticamente de inicio a fin. Sin tregua para él. Sabía de su momento, de la efervescencia y de todas las armas que reúne a una edad tan temprana, pero todavía no se había encontrado con Jódar. La sospecha se traduce finalmente en certeza: “Lo que está haciendo es increíble”. En un intervalo de tan solo cinco meses, el tenista español ha sido capaz de escalar la friolera de 134 puestos —hoy es el 34º del ranking—, de ganar su primer trofeo en la élite (Marruecos) y, sobre todo, de saltarse la secuencia racional de la ascensión. Sin fases ni etapas, de la universidad al primero plano. De cabeza a las alturas.








