El madrileño bate por primera vez a un ‘top-10′ (6-3 y 6-1, tras 1h 15m) y continúa asombrando. Se medirá en la próxima ronda con Fonseca

Así se las gasta Rafael Jódar, ese chico que, por momentos, parece un hombretón que domina absolutamente la escena: toalla a mí, pasa tú, plátano aquí, puño arriba, bola allá… ¿Miedo? ¿Quién dijo miedo? ¿Novato? ¿Alguien dijo novato? Imposible para Alex de Miñaur contener la efervescencia primaveral de este joven que, en poco más que un visto y no visto, parece haberse acostumbrado a ganar. Si ya reunía varias victorias de mérito, el 6-3 y 6-1 (tras 1h 15m) contra el australiano supone otro giro de tuerca más. Se trata del primer top-10 al que derriba —en este caso, octavo del mundo— y le guía hacia el cruce con otro diecinueveañero que promete, João Fonseca.

Después del jarro de agua fría recibido a media tarde, con la baja de Carlos Alcaraz para Roland Garros, los presentes encuentran consuelo, estímulo y diversión en otra soberbia actuación de Jódar, un principiante (así lo dice la teoría, no la práctica) que está metiéndose a todo el mundo en el bolsillo. De nuevo, un sugerente muestrario de golpes, madurez y control impropio de un jugador de su edad, que apenas lleva cuatro meses en el circuito de élite y asombra día sí y día también. ¿Ya? Así es, efectivamente. Ya. Tan rápido lo consigue otra vez que sabe a poco, la gente quería más. En cualquier caso, se queda la grada entusiasmada y lo saborea: señor espectáculo el que han visto.