El madrileño se impone al desdibujado Tien (6-1 y 6-4, en 1h 15m), se cuela entre los 30 mejores y encara al italiano Darderi tras el revolcón de Zverev (1-6, 7-6(10)

Viento, ese incómodo elemento que convierte el tenis en un rompecabezas a resolver sobre la marcha y que desespera esta vez a Learner Tien, constantemente molesto, calibrándolo mal, muy desacertado el estadounidense. Completamente enredado. Todas las dudas y la indecisión que a él le envuelven se traducen en la mejor de las vitaminas para este Rafael Jódar creciente y brillante, ojos bien abiertos, con el plan muy claro y un cuchillo entre los dientes. Al abordaje en cada pelotazo.

tml" data-link-track-dtm="">El madrileño no golpea, él muerde. “Yo siempre quiero más”, repite. Dos estilos contrapuestos y llamados a convivir, aunque en esta ocasión no hay color: lo que uno crece, se encoge el otro. El español, de 19 años, vence con autoridad (6-1 y 6-4, en 1h 15m) y pisa ya los cuartos del Masters de Roma, los segundos en un mil.

Afianza un poco más Jódar las magníficas sensaciones que ha ido desprendiendo durante toda esta gira de tierra batida, en la que irrumpió con una declaración de intenciones —trofeo en Marrakech, el primero de su currículo en la élite— y en la que allá por donde ha ido, ha hecho ruido. Sonó con fuerza en el Godó, semifinales; también en Madrid, cuartos; y repite en el Foro Itálico, donde el vuelo de los cazas homenajea al histórico Nicola Pietrangelli —fallecido en diciembre— y deja también una meteórica estela que sigue el de Leganés, un tenista en ebullición y plenamente convencido: bola a bola, punto a punto, día a día. Tenerlo muy claro. Sin secretos ni atajos, esa es la receta. En tiempos de mucha indecisión, su confianza es desbordante.