El joven madrileño arrolla al checo tras un primer set debatido (7-5 y 6-0, en 1h 18m) y se medirá en los cuartos del miércoles con el líder del circuito (6-2 y 7-5 a Norrie)
Está Rafael Jódar con ese puntillo en el que todo va, todo funciona, todo le va de cara. Incluso cuando el cuerpo empieza a quejarse y las piernas le piden ya algo de tregua, que son ya un buen puñado de partidos —12 a lo largo del último mes, 28 este curso— y ese físico todavía en construcción empieza a acusar el desgaste. Poco importa. Ya habrá tiempo para reponerse. Al fin y al cabo, el tenis va de esto: ganar y ganar, y seguir en pie al día siguiente, con más decisión si cabe. Así que una vez resuelto el pulso con el checo Vit Kopriva (7-5 y 6-0, en 1h 18m), el esfuerzo será mucho mayor este miércoles, cuando deba medirse (16.00, Teledeporte y Movistar+) con el número uno. Jannik Sinner ha hecho los deberes antes contra (6-2 y 7-5 a Cameron Norrie).
Reto mayor ese compromiso que, a falta de Carlos Alcaraz, supone un magnífico aliciente para un torneo que se había desvirtuado por la ausencia del murciano. Sin él ni su fantasía, continúa emergiendo el modelo híbrido del joven madrileño, un tenista que entremezcla el orden —base española— con el deseo constante de atacar y de morder, de ir en busca del otro todo el rato —perfil americano—. No especula un pelo. No espera Jódar. Aprieta y aprieta, y se sitúa así ante un escenario de excepción que, confía, pueda repetirse de aquí en adelante: por primera vez en los cuartos de final de un Masters 1000. Y primera vez contra Sinner, competidor mastodóntico. Excelente prueba. “Espero que la gente me apoye porque va a ser complicado...”.







