Los países de la región viven sometidos a las amenazas permanentes de quienes quieren imponer sus designios extremistas, tras haber fracasado en su paso por el poder durante largos años y que dejaron como saldo el desastre de sus políticas y mayor crisis, miseria y pobreza. Proclamaron la igualdad, pero no dijeron que era en la pobreza y no en la prosperidad para sus pueblos. Precisamente, por ese populismo rampante los pueblos mantienen sus justos deseos de mejores días, que no llegan y por tanto viven retrasados y se mantienen como un capital político electoral, que explotan los demagogos con engaños y discursos radicales y excluyentes. Lo que sucede en Bolivia es un ejemplo de lo que quieren imponer las fuerzas que durante casi 20 años gobernaron ese país, que fracasaron en sus administraciones y dejaron una crisis profunda en lo económico y social, pero como se instala otro gobierno de otra tendencia política, hay que tumbarlo, incluso haciendo el juego al exmandatario procesado por abusar de una adolescente y tener un hijo hace casi 10 años cuando era presidente. Por ello la justicia ha dictado orden de prisión en su contra, pero se ampara en la multitud y el tumulto para irrespetar el ordenamiento jurídico, evadir los dictámenes de los jueces y seguir viviendo en la impunidad, en medio del caos y la violencia que patrocina y que aspira a la caída del presidente elegido mayoritariamente por el pueblo boliviano. Acaso se cree el dueño de su país, como ha ocurrido con otros expresidentes supuestamente progresistas (el caso del Ecuador) que la Corte le sentenció por corrupto, en el debido proceso y con derecho a la defensa, y hoy vive cómodamente en el exterior, que pretende cínicamente dar lecciones de moral, pero su estatus es ser un prófugo de la justicia y su lugar debe ser la cárcel, aunque se califique perseguido político pese a las evidencias demostradas. En Ecuador, dirigentes indígenas y sociales extremistas, se han acostumbrado cada cierto tiempo a bloquear el país con violencia y vandalismo, destruir ciudades e instituciones, incendiar la Contraloría de Quito, paralizar a la fuerza todas las actividades y tener secuestradas a las comunidades. Eso ya ocurrió en octubre del 2019, junio del 2022 y septiembre-octubre del 2025, de triste recordación, pero lograron la amnistía y el perdón, por ello continuaron en lo mismo en medio de la impunidad.Lo más deplorable, el juego que hacen estos sectores a los grupos criminales transnacionales, al narcotráfico, a quienes explotan minerales de manera irracional e ilegal y la narcopolítica, que está aliada y protege a esos sectores. Así han logrado penetrar a las instituciones y contaminarlas en casi todos los ámbitos. Han sido organizaciones nefastas que generan nuevos frentes de inestabilidad, de lo que ellos viven. No creen en los regímenes democráticos ni en la institucionalidad y por ello buscan dinamitarlos y disminuirlos, aunque se han servido de ellos para sobrevivir. Lastimosamente en la región se sufre de amnesia y se tiene una mente corta, que olvida hechos tan graves que pusieron en riesgo a las instituciones, sin importar la vida de la mayoría. (O)
Miguel Rivadeneira Vallejo: Violencia o sometimiento | Columnistas | Opinión
(...) la justicia ha dictado orden de prisión en su contra, pero se ampara en la multitud y el tumulto para irrespetar el ordenamiento jurídico...















