EDITORIALLa intolerancia a las ideas es lo único que no se puede tolerar.

El lunes 25 de mayo se cumplirán 33 años del burdo Serranazo, la intentona de golpe de Estado del entonces presidente Jorge Serrano Elías, quien en su patológica intolerancia intentó disolver a los otros poderes del Estado, acallar toda oposición política, censurar a la prensa independiente y concentrar un poder omnímodo, invocando pretextos manidos demagógicos y falaces. La arrogancia de este personaje y sus adláteres tuvo que retroceder ante el masivo repudio ciudadano, el rechazo multisectorial y la valentía de juristas de la época.

En Prensa Libre no se permitió el ingreso a los censores enviados por la presidencia, pero, en general, la unidad de los periodistas fue granítica, al salir a manifestarse a las calles en contra de cualquier intento de mordaza. El 1 de junio de 1993, finalmente renunció el déspota, despotricando contra sus críticos. Huyó a un exilio dorado en Panamá, desde donde aún vocifera sus consignas miopes.

Tanto en aquel momento como a lo largo de casi 75 años de servicio al país, Prensa Libre ha mantenido una línea de férrea defensa de la institucionalidad, del Estado de derecho y de exigencia de respeto a las garantías individuales, comenzando por la fundamental libre expresión, que es la piedra angular de toda democracia participativa y herramienta de los ciudadanos para tener la libertad y la información con la cual puedan determinar el tipo de gobierno bajo el cual desean vivir.