En mi adolescencia y primera juventud, allá por los años 1970, era común escuchar la frase “Tú no te signifiques” a padres y abuelos preocupados por el antifranquismo de sus retoños. Escarmentados en carne propia por la brutalidad de la dictadura del general Franco, aquellos mayores, aunque compartieran tus ideales, temían que pagaras la participación en una asamblea o una manifestación -siempre ilegales- dando con tus huesos en la cárcel.

Percibo de nuevo ese clima, siento que el miedo se va instalando en el corazón de los progresistas. “No es que vayan a pasar, es que ya han pasado”, dice un amigo, septuagenario como yo, para expresar sus sentimientos por el linchamiento de Zapatero. “Lo siguiente”, añade, “será la imputación de Sánchez por cualquier gilipollez, por usar el Falcon para ir a tal o cual cosa, por ejemplo”.