Ahora, dicen los denunciadores de la dictadura actual, destacas algo bueno del franquismo y te llaman franquista. Ya se sabe, en esta dictadura no se puede decir nada, no porque te metan en la cárcel, sino porque te critican
Dos ancianas, por decirlo bien y pronto, cargaban sus bolsas de la compra por la acera de una populosa valenciana. Adelantar a mujeres de esas generaciones es tarea ardua porque guardan la vieja costumbre de andar del brazo ocupando la calle, y puede ocurrir, como así fue, que de pronto se paren para enfatizar una afirmación, con lo que las viandantes que vamos detrás hemos de tener reflejos para no caernos sobre ellas. Aun así, agradezco haber escuchado de sus bocas una información valiosa: ambas concluyeron que vivíamos en una dictadura comunista. Confieso que tal afirmación me extrañó porque tenían la edad suficiente como para haber vivido el mandato que el régimen nacionalcatólico imponí...
a a las mujeres, pero luego deduje que ellas distinguían entre dictaduras de distinto palo. Esta dictadura comunista en la que vivimos posee rasgos tan particulares que la opresión no se pilla a la primera. No me hago de nuevas porque no es la primera vez que oigo semejante cosa. Si te paseas cualquier mañana a la hora del viejo aperitivo por el cogollito de Manuel Longares, el barrio de Salamanca, puedes cruzarte con señoras que, blandiendo un vermú, te informan a gritos de estar amordazadas por tan singular dictadura. Tal vez lo que acusan es que su barrio está siendo comprado por ricos latinoamericanos que están dejando en minoría a la flor y nata de la ranciedad castiza, pero el caso es que esta denuncia permanente de la dictadura sanchista, encabezada por la presidenta madrileña, ha calado. Al parecer, en las dictaduras comunistas se persigue sin piedad a los defraudadores de impuestos o a los que se enriquecen con el material sanitario en momentos de extrema gravedad, y por contra, en las democracias ideales, se premia al propagador profesional de bulos, se castiga a quien los denuncia y se desoye la voz de los periodistas que trabajan por contarnos la verdad. Ay, señor, y luego dicen de la juventud, que se está volviendo franquista.






