Una tiranía que pulverizó el Estado de Derecho, como la de Venezuela, no redime sus crímenes redactando decretos mediatizados

Como ciudadano que ha dedicado su vida al servicio público y que hoy padece el rigor del destierro, me dirijo al país en que nací y a la comunidad internacional, para fijar una posición inquebrantable ante la última maniobra de la ilegítima Asamblea Nacional: pretender disfrazar de “reconciliación” lo que no es más que un espectáculo de humillación p...

ública maliciosa y cuidadosamente montado.

Pedir perdón, arrodillado y con la cabeza gacha, por delitos que jamás hemos cometido, es una vejación que no aceptaremos. Los principios no se pactan en mesas clandestinas ni se rematan en subastas políticas. La cárcel injusta es un suplicio; el exilio, una herida que no cierra. Pero asumir culpas fabricadas por quienes han perseguido y hostigado a miles de mujeres y hombres y al país entero, sería la más cruel de las flagelaciones morales para quienes jamás nos hemos doblegado.

Lo que llaman “ley de amnistía” no va de sanar heridas — va de hacer como que nunca pasó nada. ¿Qué van a hacer, pedirles a los padres de los estudiantes asesinados que pidan perdón y punto? ¿Decirles a los hijos de Óscar Pérez que den las gracias a los matones que convirtieron el acribillamiento de su padre en un espectáculo de guerra, en tiempo real ? A las familias de presos políticos muertos en cautiverio seguro les dirán que fue un error burocrático, “mala suerte”, “esas cosas pasan”. Y mientras tanto, los militares y policías inocentes que se pudran en la cárcel. Eso sí: a los golpistas del 4F y el 27N, a esos hay que hacerles un monumento. La historia les importa solo cuando les queda bonita.