Se necesita algo más que un ‘shot’ de amnesia para pasar la página. Para que haya reconciliación real, la amnistía solo puede ser el primer paso

El viernes 2 de agosto de 2024, por la mañana, Kennedy Tejeda salió de su casa rumbo al comando de la Guardia Rural de Montalbán, en el estado Carabobo, a unos 200 kilómetros de Caracas. Buscaba averiguar el paradero de dos jóvenes de su comunidad que habían sido detenidos por manifestar contra el fraude de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales del 28 de julio. Lo recibió ...

el guardia de turno. Tejeda preguntó cuándo debían presentarse los muchachos ante el tribunal correspondiente para asistir en su representación jurídica. El guardia le pidió que entrara a la comisaría y llamó al capitán.

“En el pasillo, el capitán pidió que le entregara el celular. Yo me negué. Entonces me dijo: ‘Dame tu teléfono o te quiebro aquí mismo’. Me volví a negar y arremetió contra mí para arrebatármelo. Yo estaba trabajando con el Foro Penal en la defensa de los detenidos y había participado como observador en las elecciones. Al ver mis chats en el teléfono, el capitán dijo: ‘¡Ah, pero tú eres escuálido! A partir de este momento estás muerto. Te agarraron los ángeles negros’”. Fue lo último que oyó antes de perder la libertad. Y así comenzaron los 17 meses que pasó detenido.