Salgo del vagón del metro y veo entrar en él a niños y niñas con sus acompañantes. Han salido del colegio y vuelven a casa. El metro se dirige a los barrios populares. En la escalera automática me pregunto qué estudiarán más tarde, si pronto trabajarán, en qué, cuánto tiempo pasan con el móvil, el idioma que hablan en casa, en cuál hablarán a sus hijos, si sabrán algo de la geografía y la historia de este país, si serán ciudadanos libres, qué votarán… Qué importante es la educación. Y es lo que va peor en mi país. Solo se le acerca en gravedad la falta de iniciativa y producción industrial. Àlex Garcia / ArchivoLos informes presentados en el 2024 por los exministros italianos Letta y Draghi ponen el acento en la crisis europea de crecimiento y lógicamente se refieren también a la educación. No solo se necesita más capacitación, sino innovación, esto es, pensamiento analítico y creativo. En esto fallamos. Si tanto valorásemos la excelencia académica, nuestros jóvenes no irían, es moda, a Estados Unidos, sino a China, donde están 15 de las 50 mejores universidades y suben. De europeas solo hay tres y están fuera de la UE. El declive europeo es manifiesto. Tenemos, dice Draghi, un “reto existencial”. Pues como en España, y en particular Catalunya, donde el nivel de los escolares es menor que en el resto. Cuando la pedagogía y la industria catalanas fueron punteras.La legislación europea en educación está a todas luces desfasadaEn general, pobreza y desigualdad de género son la causa del mal rendimiento académico. Hay otras más, pero debo añadir el descrédito del valor de educar (síganse en directo las sesiones de control del Congreso) y falta de espíritu para recuperarnos. No agradan el esfuerzo, la ejemplaridad, la autoridad que debe tener la enseñanza y la alta visión y responsabilidad que debe mostrar un gobierno en educación. De la educación dependen el crecimiento personal, social y económico de un país. La legislación europea en educación está a todas luces desfasada. Como nuestras leyes. No bastan las competencias; urgen valores. La formación va más allá de la capacitación.El gobierno tripartito presidido por Maragall promovió hace veinte años el Pacte Nacional per l’Educació. Está desaparecido en combate o durmiendo el sueño de los justos. Se precisa ya otro pacto, una agenda y una Agencia de la Educación, exterior a los partidos, que dé cuerpo y haga cumplir los com­promisos educativos. Basta de parches. ¿Estamos dispuestos a poner la educación en el centro de referencia de nuestro desarrollo y nuestra democracia?