Las lectoras y los lectores escriben sobre las protestas de educadores de preescolar, las elecciones andaluzas, las exigencias sobre los cuerpos de las mujeres y el derecho al voto
Soy padre de una niña de dos años en una escuela infantil de la Comunidad de Madrid. Cada mañana dejo a mi hija en manos de personas que la cuidan, la acompañan y, sobre todo, la educan con una responsabilidad enorme, porque sí, de 0 a 3 años también se educa. Trabajan con ratios inasumibles, salarios precarios y una carga física y emocional que muchas veces se sostiene a costa de su propia salud. No es justo para ellas, pero tampoco para nuestros hijos. No se puede ofrecer una educación y un cuidado de calidad cuando una sola educadora atiende a 20 niños entre dos y tres años. Si queremos que eduquen y no solo guarden, se ha de mejorar sus condiciones de trabajo. Como padre, me preocupa que una etapa educativa tan decisiva se gestione desde la precariedad. Defender mejores condiciones laborales para las educadoras es también defender una educación, digna y humana para los pequeños. Por eso, su lucha es también la nuestra y la de los ciudadanos del futuro: nuestros hijos e hijas.
Jaime Villasante Sánchez. Madrid








