La familia San Román desalojará el martes la casa que ha defendido durante más de 20 años, situada en el barrio madrileño de Valdemarín, uno de los enclaves inmobiliarios más caros de España

Helène y su hijo Jaime caminan desconcertados entre cajas, libros, platos, muebles desmontados y fotografías familiares. En la casa donde durante casi tres décadas hubo comidas bajo los pinos, celebraciones de Navidad, niños corriendo, pájaros y un estanque con peces, está todo listo para que entren las máquinas. Antes de un año aquí mismo habrá 18 chalets con piscina en la milla de oro del noreste madrileño.

La primera vez que la familia San Román apareció en EL PAÍS fue en el año 2002, en un texto de Rafael Fraguas titulado “Robinson Crusoe vive en la Cuesta de las Perdices” y con este subtítulo: “Una familia con cinco hijos se opone a que su finca, con 196 árboles, sea integrada en una urbanización”. El texto hablaba de una familia del barrio de Valdemarín, en el distrito Moncloa Aravaca, que se resistía a la urbanización y que se había declarado en rebeldía ante la Junta de Compensación para defender una finca en la que había 196 árboles de 25 especies distintas; entre ellos, cipreses, moreras, olmos, magnolios, nogales, cedros o chopos.