Brillante y errante escritor, el argentino presentó en Bogotá su novela ‘En todo hay una grieta y por ella entra la luz’, con Anagrama, y el ensayo ‘No, no pienses en un conejo blanco’, con Isla de Libros. Con él sostuvimos una charla llena de mordaz lucidez.

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INSPIRADO POR BENJAMIN Fondane, un polifacético iconoclasta de la primera mitad del siglo XX, apagado en Auschwitz y hasta ahora desconocido para las masas, Patricio Pron, pluma de afilada sustancia, partió para dar vida a su más reciente novela, En todo hay una grieta y por ella entra la luz (Anagrama).

El libro se planteó en inicio como una biografía, a realizarse aprovechando los recursos a su disposición sobre un personaje que lo fascinaba, al fin, en la Biblioteca Pública de Nueva York (que lo becó para realizar el escrito). El resultado, sin duda, se aleja de la biografía clásica, dando amplia pista a lo que el escritor percibía mientras la investigaba en una Nueva York pospandémica y trumpista (hoy, quizá distinta, por cuenta de su alcalde). Para el autor, entre el tiempo de su personaje Fondane y el suyo, más que una repetición paralela, se sienten las rimas de los tiempos.