Patricio Pron renueva con esta novela su compromiso con un estilo cuya inteligencia, provocadora constante de ideas, es compatible con una emoción intensa
Un escritor se traslada a Nueva York para cumplir con el encargo de escribir un libro (en principio, una biografía) acerca de Benjamin Fondane, un personaje fascinante, poeta y cineasta, discípulo de León Chestov (ambos, Fondane y Chestov, están siendo rescatados en castellano por
ps://www.hermidaeditores.com/benjamin-fondane" target="_self" rel="" title="https://www.hermidaeditores.com/benjamin-fondane" data-link-track-dtm="">Hermida Editores: les garantizo que el segundo es espléndido, al primero pienso leerlo de inmediato). El escritor logra producir un único párrafo, largo y denso, sobre la vida y la obra de Fondane, y luego no consigue avanzar más, porque lo asaltan un intenso dolor físico y un “acontecimiento” (un término que me recuerda a la “situación” de Kierkegaard, no en vano Chestov fue el mejor lector del filósofo danés y hay algo de existencialismo renovado o en eco en las páginas que comento hoy). No, no avanza más en la escritura el narrador, aunque en realidad sí que lo hace, a lo largo de siete largas notas a pie de página que, de hecho, acabarán por constituir los siete capítulos de la nueva novela de Patricio Pron (Rosario, 1975), En todo hay una grieta y por ella entra la luz, excepcional, arborescente y con un final de trascendencia esperanzada que no creo que vaya a olvidar jamás.






