El autor francés de ascendencia española da la vuelta en su última novela, ‘La noche devastada’, al viejo mito de la casa encantada. Pero esta vez, la casa encantada no funciona como solía

Es imposible calcular cuántas películas o novelas existen sobre casas encantadas. El concepto sigue dando de sí: es tan simple, tan maleable y tan rico que el público, probablemente, no se cansará nunca. En Danza Macabra, el clásico ensayo de Stephen King sobre el miedo, narra una anécdota estupenda sobre cuando fue a ver

el="noreferrer" title="https://elpais.com/icon/cultura/2022-01-04/no-fueron-fantasmas-fue-algo-peor-la-cruda-realidad-del-caso-amityville.html" data-link-track-dtm="">Terror en Amityville (1979), uno de los ejemplos más famosos y taquilleros del género: mucha gente gritaba en el cine ante la visión de aquella casa que espantaba a una familia porque se oían voces, los cristales se rompían y un líquido viscoso surgía de los grifos y las paredes, pero una mujer detrás de él gemía de forma más pausada, íntima y trágica y en un momento dado susurró: “Imagínate las facturas”.

El escritor francés Jean-Baptiste Del Amo (ese Del Amo es herencia de sus abuelos españoles, exiliados republicanos), ha querido volver a la casa encantada, probablemente consciente de que contiene tantas lecturas y tantos tipos de terrores (atávicos, irracionales, sociales, inmobiliarios, económicos o corporales) como puertas y ventanas. O más bien, en su caso, debutar en el género de terror, aunque ya hubiera violencia, brutalidad y miedo en sus anteriores obras como El hijo del hombre (también publicada por Seix Barral), La sal, Una educación libertina y Reino animal (publicadas en España por Cabaret Voltaire). Con ellas ha conseguido el Premio Goncourt, el Premio Femina y el Premio Fnac, entre otros.