En el lobby-café de un hotel santiaguino, bajo un soleado día de otoño, el escritor Patricio Pron se dispone a hablar de su nueva novela, En todo hay una grieta y por ella entra la luz , que vino a presentar a Chile invitado por la Cátedra siglo XXI de la Universidad Finis Terrae, donde dictó una conferencia Destacado y premiado, nació en Argentina de Rosario en 1975 pero vive en Madrid desde hace muchos años. Ha obtenido reconocimientos como el Premio Juan Rulfo de Relato de 2004 por Es el realismo, el Premio Jaén de Novela de 2008 por El comienzo de la primavera, y el Premio Alfaguara de 2019 por Mañana tendremos otros nombres, entre otros. Además, ha sido traducido a idiomas como el inglés, el alemán, el francés, el italiano o el chino. Sirve café y agua, y comienza a contar la historia de este libro. Fue escritor residente en el Centro Dorothy y Lewis B. Cullman de la Biblioteca Pública de Nueva York, y mientras estuvo allí escribió esta novela. Su estadía en la Biblioteca de Nueva York comenzó como una investigación sobre Benjamin Fondane, poeta y cineasta francés de origen rumano. Personaje inclasificable, que le fascinó a Pron, y cuya vida es una de las capas de esta novela. También está el dolor físico, está el amor, están las notas a pie de página convertidas en centrales, y está, en definitiva, un horizonte de posibilidad. La novela puede leerse como retrato de época y también como “un gesto de apertura”, como dice él. Las grietas donde se puede hallar la poca o mucha luz que hay en la vida, a pesar de todo. -¿Sintió que estaba haciendo un retrato de esta época? Sí. Desde luego, al inicio de mi estancia en Nueva York y de la escritura de esta novela, pensé que iba a ser un libro sobre los tiempos de Benjamin Fondane, que es una figura que me obsesionó durante diez años. Sin embargo, a poco de haber comenzado, se empezaron a colar en él los estímulos de Nueva York que, como sabes, son intensísimos, que son visuales, olfativos, sonoros. Que se arrojan sobre ti en cuanto sales a la calle, sin darte siquiera la oportunidad de que decidas si quieres aceptarlos o no. Nueva York fue, en ese sentido, colándose en la novela, pero también fue colándose, primero la intuición y después la certeza, de que los tiempos de Fondane se parecen mucho a los nuestros. Que si bien la historia no se repite, -yo no creo que la historia se repita-, sí creo que se producen algo parecido a rimas internas, casi como si la historia fuese un largo poema en prosa. Los tiempos suyos se parecen a los nuestros.-Benjamin Fondane termina asesinado en una Cámara de Gas en Auschwitz.Fondane fue testigo del ascenso de unas ideologías y de unos discursos de odio que circulan en nuestra sociedad tanto como lo hacían en la época de Fondane, y que están determinando las decisiones políticas de las personas allá afuera. Los tiempos de Fondane fueron los tiempos del surgimiento de los fascismos; nuestros tiempos son los del resurgimiento de esos fascismos o de, si prefieres decirlo, el ascenso del neofascismo. Y, en ese sentido, las preguntas que nos hacemos acerca de cómo continuar viviendo, de cómo construir cosas con otros, de cómo preservar de su destrucción aquello que más amamos, incluyendo a las personas que nos rodean, son preguntas que se hizo, tanto Fondane, como nos hacemos nosotros en la actualidad.Patricio Pron ©Catalina Bartolomé. -Para usted, entre otras cosas, Fondane fue un personaje que encarna una libertad muy rotunda. ¿Por qué? Sí, para mí es una de las personas que tuvo el enorme valor de decir que no, en momentos en que las demás decían que sí. Esa libertad y ese valor son valores y cosas que debemos recordar, debemos recordarnos con más y más frecuencia, porque estos son tiempos especialmente relevantes para decir que no, desobedecer, es especialmente importante. Después de haber escrito la novela recordé una frase que decían los miembros de la resistencia francesa durante la ocupación nazi de Francia. Ellos básicamente decían: obedecer es traicionar y se referían naturalmente a las órdenes que venían de la autoridad de ocupación. Creo que esa frase es trasladable a nuestros tiempos, se puede aplicar a nuestros tiempos y puede convertirse en una guía que nos oriente en estos tiempos tan turbulentos en los que es tan difícil orientarse. Debemos desobedecer, por cuanto de lo contrario traicionamos algo muy profundo que hay en nosotros, y que de tan profundo que está en nosotros, que está anidado en nosotros, se nos ha olvidado. -¿Qué significa la desobediencia de la cual está usted hablando? En primer lugar, significa el decir no al mandato de acuerdo con el cual lo que tenemos en un teléfono como este, es mucho más real que lo que podemos tocar y sentir, que lo que podemos construir con otros. Es también desobedecer a un complejo tecnológico y económico que nos invita a depositar, en determinadas tecnologías, habilidades que nos pertenecen y que necesitamos, como la de la atención, la capacidad de comprender ideas complejas, la de formarnos en nuestro propio juicio, en lugar de ceder esas potestades a una máquina. Es desobedecer a la ficción de que deberíamos estar constantemente informados, constantemente repletos de información. Es desobedecer a la idea errónea, pero muy habitual, de que no existirían diferencias entre información y conocimiento. Todas esas cosas me parece que tienen que ser puestas en cuestión. Patricio Pron © Ezequiel Zaidenwerg -¿Cómo?No creo yo saber cómo hacerlo. Creo que cada uno de nosotros debe responder de manera individual a la pregunta de cómo recuperar cosas que nos han quitado, y que no recordamos que nos han quitado, incluyendo la capacidad de atención, la capacidad de juicio, la capacidad de formarnos una opinión política. No en virtud de quién grita más y es más…-Viral…Viral o más vociferante o más agresivo en redes sociales, sino en virtud de cuáles son nuestros intereses y cuáles son los intereses de las personas que nos rodean. Esas cosas pueden parecer muy obvias, pero se han perdido en los últimos años. Especialmente en una nueva promoción de personas que son, además de votantes, electores, electoras, no saben cuánto han perdido, cuánto les han robado… En ese sentido, la literatura opera como una gran máquina de restitución de capacidades que hemos perdido y que no recordamos siquiera que alguna vez tuvimos, incluyendo la de prestar atención al libro. -Y de leerlo completo, no solo pedazos.Sí, creo que buena parte de nuestra vida cotidiana se parece al timeline de nuestra red social de referencia. Son estímulos intensísimos, a menudo muy agresivos, que se suceden sin orden de continuidad, dejándonos frenéticos y exhaustos. Es en la recuperación de la atención que propone la literatura donde podemos encontrar una de las formas más eficaces de resistencia, de desobediencia, como decía yo. Es allí donde encuentro yo, al menos, las cosas que me permiten desobedecer, para no traicionar lo tan profundo que está en mí. Es lo que me convirtió en primer lugar en lector y en segundo lugar en escritor.Patricio Pron ©Catalina Bartolomé -¿Qué puede ser una resistencia a ciertas emociones negativas que predominan hoy o, como lo denomina usted, afectos tristes? El término no lo he acuñado yo, desde luego, pero creo que hay una enorme resistencia en actos que pueden parecer por completo individuales y carentes de relevancia. Allí donde alguien comprende que los cantos de sirena del mercado tienen como propósito, no satisfacer una demanda que esta persona tiene, sino crearla. Y que su sentido profundo no es satisfacerla, sino más bien postergar su satisfacción de forma indefinida para que esa persona continúe consumiendo. En el dirigirse hacia lo que Pierre Rabhi llamó una sobriedad feliz, un marco en el que las personas tengamos lo que necesitamos, no lo que creemos que necesitamos, donde yo encuentro los actos de resistencia. En las personas que están construyendo, creando, cosas con otros, a niveles tremendamente reducidísimos en muchos casos, pero contribuyendo a una tendencia que es global. Yo encuentro enorme dignidad en aquellas personas que se preocupan por otras personas en el edificio en el que viven, en la comunidad en la que se encuentran, en la clase que dan o de la que participan. Encuentro vitalidad y resistencia y razones para continuar creyendo allí donde las personas se reúnen espontáneamente sin un propósito económico, allí donde se juntan a conversar acerca de quiénes son y qué les sucede. Lo encuentro en diálogos como este que estamos teniendo, la encuentro (en) la prensa de calidad, confrontada y acotada por decenas de fenómenos que todos conocemos y, sin embargo, esencial para la democracia. La prensa es absolutamente esencial para la calidad democrática de un país. La encuentro en aquellos estudiantes con los que he tropezado siendo profesor invitado a las universidades en un sitio u otro, que me dicen que ellos no tienen redes sociales porque les parece una tontería. La encuentro en aquellos eventos de los que participo o los que yo asisto, en los que las personas están deseosas de un contacto real, no mediado por una pantalla. La encuentro allí donde me tropiezo con librerías en las que la oferta de libros no tiene como propósito sencillamente satisfacer una demanda de unos consumidores, sino también la de unos lectores y lectoras que tienen la voluntad y el deseo de que los libros hagan con ellos las cosas que los libros tienen que hacer, pero también otras…-¿Cuáles?Que los libros no solamente les sirvan para entretenerlos, para aliviarles una noche de insomnio, o un viaje en autobús muy largo, o una cola en la puerta de un banco, o en una oficina pública, o en un hospital, sino que además les permitan pensar en quiénes son, y eventualmente quiénes pueden ser si desean dejar de ser quiénes son. En ese potencial de transformación de la literatura puesto en acto cada vez que alguien abre un libro, yo encuentro muchas razones para no convertirnos en escépticos o en cínicos, que es lo que parece la actitud más sensata y, sin embargo, la más destructiva, no solamente para nosotros sino también para los demás. -Ha dicho en entrevistas que en este libro abordó cosas que a su generación se le enseñó a ocultar. ¿Cuáles? Bueno, en primer lugar, una atención al mundo y una sensibilidad que se nos dijo a algunos de nosotros que eran excesivas. A continuación, un vínculo con las mujeres que en su complejidad y en su riqueza a algunas personas les resulta implausible. Alguien acaba de decir en una reseña en la prensa argentina que el personaje femenino de esta novela es inverosímil, porque piensa, básicamente-¿O sea, esa persona cree que las mujeres no piensan? O que si piensan, lo mejor es que estén calladas. O que no se entiende cómo un escritor varón se detiene en estas cosas que las mujeres piensan. Una de las medallas que yo me pongo, de las pocas que me pongo, es que cuando una de mis novelas se ganó el premio Alfaguara, los jurados del premio me contaron que antes de saber quién era el autor pensaban que se trataba de una autora latinoamericana, porque no podían imaginar que un autor, un escritor, pudiese comprender a las mujeres de esa manera. O se tomase el trabajo de comprenderlas de esa manera. Bien, esa clase de cosas son cosas que nos enseñaron a ocultar.-¿Qué otras cosas les enseñaron a ocultar?Nos enseñaron a ocultar nuestro propio dolor, especialmente a los hombres de nuestra generación. Y yo creo haber sido bastante eficiente a la hora de ocultarlo durante años. Sin embargo, creo que no tengo derecho a seguir haciéndolo. Mentirme a mí mismo y mentirle a mis lectores y a mis lectoras, a las personas que son más importantes para mí, supone el traicionarlos en ese sentido. En lo que es el mandato de como escritor y como escritor argentino que ha vivido en sitios y demás tienes que ser o tremendamente exitoso o arrastrarte por los suelos, el mostrar que es posible ser otro tipo de escritor… Creo no estar solo en este esfuerzo de desobedecer los mandatos que cayeron sobre los hombres de mi generación. Y tengo la fortuna de poder decir que no he tenido que deconstruirme, como dicen algunos, por cuanto no recuerdo haber nunca pensado de una manera muy diferente a como pienso. Otra cosa es que lo mostrase. Pero, bien, las muchas cosas que las mujeres han hecho por nosotros, no solamente por ellas, en las últimas décadas, no solamente en América Latina, han tenido una consecuencia indeseada, pero inevitable, en el retorno de unas masculinidades muy agresivas. Así que supongo que esta pequeña disidencia mía, esta pequeña desobediencia mía, devendrá más y más importante con los años.