En la Argentina literaria actual, donde la novela histórica encontró nuevos lectores y una renovada vitalidad comercial, Gabriela Exilart construyó una identidad singular, la de una autora capaz de combinar rigor documental, sensibilidad narrativa y una vida personal atravesada por múltiples vocaciones. Mientras presenta “Tierra herida”, se muestra alejada del estereotipo solemne del escritor encerrado entre manuscritos y bibliotecas. Habla de expedientes judiciales, de alumnos de Derecho, de talleres literarios con vino y budines de limón, milongas nocturnas y tangos cantados en bares de Mar del Plata. Todo convive en ella con una naturalidad poco frecuente. Apasiona e intriga.

Pero Exilart no se detiene en excentricidades vanas. Después de catorce libros, su literatura sigue avanzando sobre zonas laterales de la historia argentina, territorios donde sobreviven oficios olvidados, personajes desplazados y mujeres que desafían estructuras sociales rígidas. Y en su nueva novela, esa búsqueda reaparece con fuerza a través del universo de las canteras y los picapedreros, un paisaje áspero que la autora transforma en materia emocional y épica.

Noticias: En “Tierra herida” volvés a trabajar sobre personajes y oficios poco explorados por la literatura histórica. ¿Cómo nace esa búsqueda?