Noticias hoyAriana Harwicz. Autora de Matate, amor y Perder el juicio. Jurado Premio Clarín 2026.Del Borges que conocí de muy joven me impresionaron siempre estos conceptos que hoy, tanto tiempo después, tienen mucha influencia en mi manera de escribir y leer: el escritor no debe ser “moderno” a la fuerza; no existe el “original absoluto”; “el original es infiel a la traducción” (del cuento “Pierre Ménard, autor del Quijote”); pensar la poesía como traducción; mezclar ensayo y ficción, no distinguirlos. Del Borges que conocí en traducción al francés cuando hace 20 años vine a vivir a Francia me interesa cómo lo ven, comme un philosophe déguisé en écrivain de fiction. O como un matemático disfrazado de escritor o como reflejo del post-estructuralismo. Siempre asociado a cómo influyó en Barthes y Foucault. En la traducción al francés se disipa, se pierde su humor y su charla de café porteña. Por supuesto ellos lo afrancesan.Betina González. Ganadora Premio Clarín Novela con Arte menor en 2006. Jurado Premio Clarín 2026.Es difícil saber qué siento cuando me dicen “Borges” porque no paso mucho tiempo sin pensar en él. Sí, Borges va conmigo a todas partes (por suerte, no me tocó matarlo ni adorarlo); es ubicuo pero, no me refiero a eso, sino a que doy varios de sus textos en mis clases. En una leemos “El arte narrativo y la magia”. Lo que les pasa a los alumnos con ese ensayo es casi fantástico. Creen que lo importante es el análisis de las causalidades narrativas, que si escarban como dedicados estructuralistas en lo que Borges les está diciendo, tienen asegurada la fórmula para escribir una novela que no se desmorone a la página 10. En clase, pierden rápido esa esperanza: lo que Borges pide (y lo que da) es mucho más. Es la elegancia del ilusionista que desaparece un cuerpo o adivina el futuro. Sí, para ser novelista hay que ser mago, les digo. Y, contrario a lo que se piensa, en la magia no hay fórmulas: es preciso creer en los centauros para ser capaz de crearlos. Ese es el regalo de Borges. Algunos dudan de mi lectura. Entonces cito la única nota al pie en ese ensayo, que Borges cierra con esta frase: “‘Sirena’: supuesto animal marino, dice un diccionario brutal”.Gonzalo Aguilar. Ensayista. Borges va al cine, Otros mundos y Más allá del pueblo.La sala de cine Leopoldo Lugones, en el Teatro General San Martín, es –se sabe– un emblema de la cinefilia porteña. A fines de los años 70, principios de los 80, yo era un adolescente habitué de sus ciclos. La sala de la Lugones ya estaba a oscuras cuando escuché un murmullo que indicaba que algo inusual estaba pasando. La película –Citizen Kane de Orson Welles– ya había comenzado y mientras en las pantallas se veían las rejas de Xanadú, por el pasillo de la sala entraba Jorge Luis Borges acompañado de María Kodama.Supongo que para Borges no hacía gran diferencia que la sala estuviera a oscuras aunque él siempre decía que la ceguera no era ver todo negro sino que se veían manchas y colores, como “el oro de los tigres”. A mí me pareció muy raro que un hombre ciego asistiera al cine, pero también me parecía extraña la palabra “aleph” que, de niño, veía en uno de los estantes de la biblioteca de mi padre. ¿Qué significaba “aleph”?Era una palabra que no estaba en los diccionarios –al menos los que había en mi casa– y nunca la había escuchado. ¿Qué significaba que un hombre ciego fuera al cine, a ver un film sobre el que ya había escrito hace muchos años y sobre el que comentó que “ningún hombre sabe quién es, ningún hombre es alguien”? ¿Cómo pensar en un escritor que hizo de una palabra hermética como Aleph un término popular? Era el deseo de saber, la pasión por los relatos, la sabiduría como un efecto de la insistencia, una vida dedicada a descifrar y encriptar sentidos lo que hacía que Borges fuera, ya ciego, a ver la película de Welles. Desde esa noche cinéfila, el Aleph fue mi Rosebud.AA.VV.Bio completaRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOJorge Luis Borges