Siguiendo las declaraciones y contemplando el aspecto y las formas de muchos políticos, acólitos y compinches que se prodigan últimamente sin rubor por juzgados y tribunales, me ha parecido que sus trapisondas merecen ser contadas, para dar cuenta de lo que pasa y nos pasa, bien sea en cuadros costumbristas o, mejor aún, en una o varias novelas. Quizá lo digo porque me aficioné pronto a las novelas con trasfondo histórico, recalando en los Episodios nacionales, las Memorias de un hombre de acción y El ruedo ibérico, que me abrieron la puerta de la historia de España. No me arrepiento: lo pasé bien. Y quizá por ello, me encantaría que los redomados pillastres de hoy pasasen a formar parte del olimpo literario hispánico, poniendo al día con insolencia la picaresca del siglo XVII. Dani DuchEspaña ha tornado a donde solía: a la polarización y al enfrentamiento. Se ha vuelto a levantar un “muro”, junto al que se enconan hirsutas, una a cada lado, las “dos Españas”, azuzadas por unos políticos cuyo perfil reproduce lo peor de sus predecesores. No hace falta citarlos. Están ahí: en los escándalos y el navajeo del Congreso, en los alborotos del Senado, en las zahúrdas de las redes sociales, en el ritual de los mítines, en las cloacas del Estado, en la trastienda de los partidos y en las redacciones de los medios adictos.Nos falta una mirada que aprehenda la picaresca rampante que nos envuelveY, para agravar la situación, la corrupción (en sus variadas formas) ha anidado en casi todos los partidos, en grado directamente proporcional a su participación en la política de gestión. No exagero: decía Ganivet en su Idearium español (1896) que nuestro siglo XIX no solo fue infecundo por haber transcurrido en perpetua guerra civil, sino indigno de ser tomado en consideración, ya que “una nación que vive un siglo constituyéndose no es nación seria”. ¿Qué diría hoy si viese que, 130 años después, España sigue constituyéndose?El actual escenario político no es solo un campo de Agramante, sino también un patio de Monipodio, en el que se percibe un fuerte olor a chistorra. Estamos en un cafarnaúm de trasiego político-mercantil, el paraíso de unos granujas émulos de los pícaros de siempre. Es un cuadro que pide a gritos que un escritor con talento y oficio (no un académico absorto en su tema) dé forma literaria a lo que pasa hoy en España. Nuestros políticos y sus tropas auxiliares, incluyendo las mediáticas, están ahí esperando que alguien deje constancia de esta España desvencijada, en la que pululan y hacen carrera unos aventureros sin más capital que su osadía, sin más currículo que el uso constante y “profesional” del engaño y sin más coraje que el que les proporciona su desvergüenza.Ahora bien, que piense quien decida asumir esta tarea, si lo hay, que se encontrará con tipos inimaginables, con situaciones delirantes y con un vacío de valores e ideológico que le pondrán a prueba. De hecho, aquí en España y desde hace veinticinco años, gobernar, lo que se dice gobernar, no ha gobernado nadie. Y bien que se nota.Si algún esforzado acepta el envite, igual daría que siga el modelo de Galdós en sus Episodios Nacionales o el de Baroja en sus Memorias de un hombre de acción. Aunque quizá se ajuste más a este momento turbio el modelo de Baroja, que este detalla en sus Páginas escogidas (1918) cuando dice que “como investigador, Galdós ha hecho poco o nada (…) Yo he trabajado algo más, he buscado en los archivos y he recorrido los lugares de acción de mis novelas, intentando reconstruir el pasado”. Y añade que “si en la historia no hubiera más que batallas, si sus únicos actores fuesen las personas célebres, ¡cuán pequeña sería! (La historia) está en el vivir lento y casi siempre doloroso de la sociedad (…) En ella nada es indigno de la narración”.Esa es la mirada que nos falta: una mirada que aprehenda la picaresca rampante que nos envuelve y hunde sus raíces en nuestra más ruin tradición. Porque lo que hoy estamos viviendo es la reencarnación de los pícaros de siempre, que se pasmarían al ver lo lejos que han llegado sus sucesores. ¡Hay que contarlo!
Piden a gritos un escritor, por Juan-José López Burniol
Siguiendo las declaraciones y contemplando el aspecto y las formas de muchos políticos, acólitos y compinches que se prodigan últimamente sin rubor por juzgados y tribunales, me ha parecido que sus trapisondas merecen ser contadas, para dar cuenta de lo que pasa y nos pasa, bien...












