Ante la concesión del Planeta al tertuliano, prefiero ser positiva, fantasear con que su libro acabe llevando al lector a otro; tal vez de alguna editorial pequeña, de esos a los que les cuesta tanto hacerse hueco en la sección de novedades

Aunque hay quien pide las sales cada vez que los encuentra en la sección de novedades, los libros escritos por famosos catódicos han estado siempre ahí. En los ochenta apostó por ellos Temas de Hoy en su colección El Papagayo. Allí publicaron María Teresa Campos Cómo librarse de los hijos antes de que sea demasiado tarde —no me digan que no es irónico— y Charo Pascual un manual de seducción que ell...

a no necesitaba porque jamás estuvo España tan pendiente de isobaras y anticiclones como cuando los contaba aquella fascinante y efímera mujer del tiempo. En su catálogo estaban Millán Salcedo y Carmen Rico-Godoy con tres novelas que acabaron en película. También Matías Prats y su Guía erótica del fútbol —el del No-Do, sí, maravíllense—, y personajes tan dispares como los Costus y Alfonso Ussía.

También el desconocido Dan Greenburg, primer marido de Nora Ephron, y su hilarante Cómo escapar del amor y del matrimonio, y celebridades tales como Carmen Posadas, escritora y entonces reina del couché por su matrimonio con el gobernador del Banco de España Mariano Rubio. De ella, por morbo y chisme, me llevé Yuppies, jet set, la movida y otras especies. Yo tenía apenas 16 años y esa colección supuestamente intrascendente —y tristemente descatalogada— me hizo visitar asiduamente mi librería favorita, una de esas en las que los libreros sienten tanta devoción por lo que venden como los lectores por lo que adquirimos, y a pasar de El Papagayo a la histórica Contraseñas de Anagrama, donde descubrí a Wolfe, Kureishi y Bukowski. Se abrió una puerta que jamás se ha vuelto a cerrar.