El presidente Donald Trump lleva mucho tiempo expresando su enojo por la falta de apoyo de los aliados europeos en su guerra contra Irán, así como su exigencia de que asuman más responsabilidades en el seno de la OTAN. Una manera de verbalizar su enfado fue su anuncio de reducir la presencia militar de EE.UU. en Europa. El 1 de mayo, avanzó la retirada de 5.000 soldados de Alemania y amenazó con medidas parecidas respecto a sus bases en España e Italia, dos de los países más críticos con el conflicto en Oriente Próximo. Pero el jueves dio marcha atrás –una vez más– y anunció el envío de 5.000 soldados adicionales a Polonia. La semana pasada, el Pentágono había confirmado la cancelación del despliegue de una brigada blindada de más de 4.000 soldados que se dirigía a Polonia, como parte de una reconfiguración de su presencia militar en Europa.El nuevo cambio de opinión del republicano ha vuelto a desorientar a los aliados europeos, algunos de los cuales, pese a congratularse de la decisión, no ocultaron ayer su confusión en la reunión de ministros de Exteriores de la Alianza que se celebró en Suecia. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, intentó tranquilizarles y declaró que los movimientos de tropas estadounidenses no son medidas “punitivas” contra los europeos, sino parte de la reconfiguración global de sus efectivos militares. Pero les advirtió que el repliegue continuará y que Trump expondrá a los aliados en la cumbre de la OTAN que se celebra en julio en Ankara –y se augura tensa– su enfado y decepción por la falta de apoyo en la guerra con Irán. Y, al respecto, instó a estudiar cómo se podría reabrir el estrecho de Ormuz.Con todo, la OTAN insiste en que la retirada de soldados estadounidenses no afecta a su capacidad de defensa ni a sus planes regionales. Para abordar este escenario, ayer también tuvo lugar en la sede de la Alianza en Bruselas una reunión técnica en la que EE.UU. informó de los ajustes en sus fuerzas de combate que estarían disponibles en caso de una amenaza de guerra.El presidente da marcha atrás y anuncia ahora el envío de más soldados de EE.UU. a PoloniaMark Rutte, secretario general de la OTAN, ha adoptado el papel de equilibrista diplomático, tratando de apaciguar a Trump mediante un servilismo desmedido e intentando convencerle de que los aliados cumplen sus compromisos. Rutte –que también celebró el cambio de decisión de Trump– ha hecho suya públicamente la estrategia de EE.UU. en la OTAN al señalar que “la parte europea debe asumir cada vez más responsabilidad en su propia defensa convencional, permitiendo así que EE.UU. –que tiene que ocuparse de múltiples escenarios estratégicos– pueda, con el tiempo, reorientarse, por ejemplo, hacia Asia”. Ni Pete Hegseth, secretario de Defensa, ahora de Guerra, lo hubiera dicho mejor.El secretario general de la OTAN garantizó ayer de nuevo el compromiso de todos los aliados –“aunque algunos lo han puesto en duda”, dijo– ante un ataque a la OTAN, afirmando que la respuesta sería “devastadora”. Rutte intenta mantener a Trump dentro del club transatlántico y evitar su distanciamiento con un plan que pasa por nuevos acuerdos y contratos de defensa que beneficien a empresas y fabricantes de armas estadounidenses. Una estrategia que choca con la que quiere poner en marcha la Unión Europea, basada en fortalecer la industria militar europea y reducir la dependencia de Estados Unidos.En caso de una hipotética futura salida de Washington de la Alianza, Europa perdería el paraguas nuclear y militar del que ha dependido durante décadas. Reemplazarlo exige una inversión masiva en defensa durante décadas y una unidad política que hoy no existe. Según un análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, de mayo del 2025, sustituir las capacidades estadounidenses en la OTAN costaría aproximadamente un billón de dólares en un plazo de 25 años.Europa da por hecha una retirada de tropas, que Marco Rubio asegura que no es un castigoEuropa teme que el repliegue militar de EE.UU. dé paso a una reconfiguración de la Alianza. Los europeos asumen que el desencuentro es irreversible y que el compromiso transatlántico estadounidense se desvanece, pero aspiran a que ese proceso se lleve a cabo sin sorpresas, de modo estructurado, para que Europa pueda estar en disposición de reforzarse cuando Washington reduzca su presencia en suelo europeo. La dependencia no es unilateral: EE.UU. también necesita a sus socios europeos como plataforma logística y política, en especial para actuar en Oriente Medio. Pero Trump dispone de otras vías para desmantelar la OTAN desde dentro, sin necesidad de abandonarla. Podría, por ejemplo, recortar la financiación, retirar las tropas de Europa hasta el mínimo autorizado (lo que dejaría a los europeos debilitados frente a Rusia en el conflicto de Ucrania) o negarse a cumplir con el compromiso de defensa mutua del artículo 5.