La decisión de Donald Trump de retirar miles de soldados estadounidenses de Alemania, revisar un despliegue previsto en Polonia, y la iniciativa de congelar el proyecto de estacionar misiles Tomahawk en territorio alemán han activado las alarmas en las capitales europeas. En el Viejo Continente crece el temor a que esos movimientos sean el primer paso de una reconfiguración estructural de la OTAN. O incluso de un repliegue más profundo de Washington dentro de la Alianza. El Pentágono insiste en que la reducción de su presencia en Europa será gradual y no afectará a la capacidad defensiva de la Alianza. De hecho, este jueves, después de que su equipo suspendiese el envío de una brigada blindada a Polonia, Trump aseguró que mandaría 5.000 soldados a ese país, uno de sus aliados más cercanos. Un contraste claro con el bofetón a Alemania, tras las críticas de su canciller, Friedrich Merz, a EE UU por su guerra en Irán.El escenario, las señales, están claras: EE UU avanza hacia una relación más transaccional con la OTAN y busca mantener en Europa solo aquellas capacidades militares que respondan de manera directa a sus intereses estratégicos globales. Intereses que están cada vez más en América y en Asia y menos en tierras europeas. La reunión de este viernes de ministros de Exteriores de la OTAN en Helsingborg (Suecia), en la que está prevista la participación del secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, servirá como termómetro en la dañada relación transatlántica. Entre los aliados europeos hay inquietud y expectación por una cita en la que el jefe de la diplomacia estadounidense tratará de contener el nerviosismo y presentará los recortes como una “adaptación gradual” de la presencia militar estadounidense.El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha optado por asumir el diagnóstico de la Casa Blanca. “Esta excesiva dependencia debe terminar”, advirtió este jueves en Suecia, en línea con las presiones de la Casa Blanca para que Europa asuma más carga en su propia defensa. “Es correcto que reequilibremos para que Estados Unidos también pueda orientarse más hacia otros escenarios”, incidió el neerlandés.El coordinador de la Alianza, cuyo principal trabajo ahora (y quizá el más difícil) es mantener a Trump dentro de la organización militar y tratar de evitar que cause algún incendio insalvable, presenta el repliegue estadounidense no como una ruptura, sino como una transición hacia una alianza “más equilibrada”. Pero lo cierto es que la sensación de vulnerabilidad de los aliados europeos no reside solo en perder tropas o capacidades, sino en la erosión del paraguas de defensa estadounidense. Que el agujero en ese histórico escudo sea irrecuperable.El cambio en realidad no es una sorpresa total. Washington lleva meses (incluso la anterior Administración del demócrata Joe Biden habló de reducir la presencia estadounidense en Europa) advirtiendo de que aligeraría su carga en la Alianza. Sin embargo, los aliados empiezan a digerir y a asumir ahora, cuando se han producido los anuncios concretos, que el cambio es real.El recelo se ha visto agravado por las tensiones con Rusia en el flanco báltico y por la sensación, cada vez más extendida en Berlín, París y Bruselas, de que la relación transatlántica entra en una fase de incertidumbre estratégica inédita desde el final de la Guerra Fría.Premio o castigoPor ahora, explican varias fuentes diplomáticas aliadas, los anuncios de retiradas de tropas no hacen ningún destrozo en la estructura de la Alianza. Además, el anuncio en redes sociales de que enviará más soldados a Polonia, en el que Trump a la vez elogiaba a su presidente, el ultraconservador Karol Nawrocki, muestra que el mandatario estadounidense utiliza esas decisiones como premio o castigo. Y eso es también un aviso a navegantes.Aunque la decisión sobre las tropas en Alemania no altera de forma sustancial el equilibrio militar: EE UU tiene miles de soldados en ese país. Sin embargo, la paralización del envío de Tomahawks a Alemania sí causa preocupación. El despliegue de un batallón estadounidense con misiles de largo alcance en Alemania había sido pactado durante la Administración Biden como pieza central de la nueva disuasión frente a Rusia. Pero hace unas semanas, el equipo de Trump lo canceló. La explicación oficial es que Washington necesita esos misiles, pero lo cierto es que en Berlín el gesto se ha interpretado como un castigo a Alemania. A Merz.El caso de los Tomahawk se ha convertido en uno de los mayores focos de tensión dentro de la OTAN en 2026. Obliga a Europa a acelerar capacidades autónomas de ataque de largo alcance, reconocen varias fuentes aliadas. La decisión de Washington elimina “un componente clave” de la disuasión europea frente a Moscú y deja al continente expuesto durante años de transición militar, remarca un análisis del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE (EUISS).El malestar en las capitales aliadas europeas no se limita al contenido de las decisiones. También, a la forma en que han sido comunicadas. O más bien no lo han sido. Solo unos pocos aliados fueron informados, y con escasa antelación, de los ajustes de Washington en la organización militar. El proceso ha sido marcadamente unilateral.