Los aliados transatlánticos de Estados Unidos esperan señales por parte de Washington respecto a una esperada reducción de la presencia estadounidense en el espacio europeo. Lo hacen tras días de turbulencias dentro del bloque por el anuncio de la reducción de 5.000 efectivos en Alemania, donde se encuentra la mitad de los más de 70.000 militares de EEUU en Europa, y la decisión inesperada del Departamento de Guerra estadounidense de anular el despliegue de 4.000 activos en Polonia, aunque el Departamento de Defensa ha explicado que se trata de una pausa y no de una cancelación. Este miércoles, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha explicado que estos movimientos forman parte del esperado ‘cambio de reparto de fuerzas’ o “burden shifting”. En este plan, los aliados europeos y Canadá se encargarán de los ámbitos convencionales de la defensa del espacio euroatlántico, mientras EEUU mantiene su compromiso y su disuasión nuclear, pero con una menor presencia de militares sobre el terreno. Elbridge Colby, el número dos del Pentágono, ya explicó este nuevo reparto de las fuerzas durante una reunión de ministros de Defensa, a la que bautizó como la ‘OTAN 3.0’. El problema no es el plan, sino la ausencia de él. La sensación extendida en la sede de la Alianza en Bruselas es que hay una falta total de coordinación y transparencia por el lado estadounidense. Recientemente, el Pentágono hizo buena muestra de esa falta de comunicación al no informar a los aliados sobre su intención de lanzar la operación contra Irán, algo que irritó en muchas capitales. Especialmente si se tienen en cuenta las duras críticas de Trump contra sus aliados por no respaldar políticamente su ataque a Teherán y por, en algunos casos, como el español, por no permitir el uso de bases en su territorio. Preguntado en repetidas ocasiones por los anuncios de la administración Trump, Rutte ha rechazado que estos movimientos hayan sido una sorpresa. “Creo que esto es exactamente lo que esperábamos y encaja perfectamente con el enfoque de ‘sin sorpresas’”, ha asegurado el secretario general de la OTAN, que ha explicado que los aliados comparten el interés de Estados Unidos por “pivotar” hacia otros teatros, como es el Pacífico, aunque ha admitido que esto debe ocurrir “con tiempo” y de manera coordinada. Sin embargo, fuentes diplomáticas explican que, si bien el concepto general de una reducción de la presencia estadounidense en Europa es de esperar, anuncios particulares como el de la semana pasada respecto a Polonia, un socio considerado como prioritario por Washington y que forma parte del flanco oriental clave para la Alianza Atlántica, sí que han representado una sorpresa. En el mismo sentido ha hablado Margus Tsahkna, ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, un estrecho aliado de EEUU, que ha pedido predictibilidad a los estadounidenses. Rutte, y en esto sí coinciden las fuentes consultadas, considera que la reducción de tropas estadounidenses no se traduce en un deterioro de la disuasión aliada y no tiene un gran impacto. Sin embargo, las mismas fuentes señalan que es difícil no interpretar estos anuncios en un marco más amplio, teniendo en cuenta que Trump ha repetido en varias ocasiones en los últimos meses su voluntad de explorar una salida estadounidense de la OTAN que todo el mundo dentro de la Alianza descarta. Además, algunos de estos inesperados anuncios, como el de la retirada de 5.000 efectivos de Alemania, se han presentado como un castigo político contra el Gobierno de Friedrich Merz por haber criticado la operación “Epic Fury” de Estados Unidos e Israel contra Irán. Este miércoles por la noche, el Pentágono explicó en un comunicado que reducirá su presencia en Europa de cuatro batallones a tres, y que eso explica que no se haya desplegado la fuerza prevista en Polonia. La presencia estadounidense en Europa se reducirá a niveles del año 2021, justo antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania. “El Departamento determinará la disposición definitiva de estas y otras fuerzas estadounidenses en Europa basándose en un análisis más detallado de las necesidades estratégicas y operativas de Estados Unidos, así como en la capacidad de nuestros aliados para aportar fuerzas a la defensa de Europa. Este análisis tiene por objeto impulsar la agenda ‘America First’ del presidente Trump en Europa y otros escenarios”, aseguró el departamento liderado por Pete Hegseth. Alexus Grynkewich, comandante supremo de las fuerzas aliadas, que presidió este martes una reunión de los jefes de defensa de la Alianza, explicó tras el encuentro que no espera nuevos anuncios y que los cambios que se están anunciando se deberían ir implementando a lo largo de “varios años”. Grynkewich, estadounidense, se ha comprometido con los otros 31 aliados a encontrar maneras de cubrir los huecos que pueda dejar la reducción de tropas. Un anuncio que ha pasado más desapercibido, pero que está generando una gran inquietud dentro de la Alianza, ha sido la decisión por parte de la administración Trump de incumplir el acuerdo alcanzado por la administración de Joe Biden de estacionar misiles Tomahawk en Alemania. Estos misiles tienen capacidad para golpear miles de kilómetros en el interior de Rusia, y no hay un sustituto europeo para ellos. La medida abre una brecha en la seguridad de Alemania y del resto de Europa, porque servían para contrarrestar los misiles que Rusia tiene estacionados, tanto en Bielorrusia como los Iskander que se encuentran en Kaliningrado, un territorio ruso en mitad del Báltico, y que pueden equiparse con ojivas nucleares. Redirigir el peso El “burden shifting” es la segunda pata de un giro que se lleva produciendo desde hace tiempo y que se consagró en la cumbre de La Haya en junio de 2025, que es el del “burden sharing” (que podríamos traducir como “reparto de carga”). El último es una cuestión de quién paga cuánto, y se resolvió con el compromiso por parte de todos los aliados de aumentar su inversión en defensa hasta el 5% del PIB, con un 3,5% dedicado a capacidades militares. El primer término tiene más que ver con el despliegue de fuerzas y con quién se encarga de qué a nivel operativo. Este giro ha sido perfectamente visible con los últimos cambios en la cúpula operativa de la Alianza Atlántica. Recientemente se hizo público que mandos europeos se harían cargo de los Centros de Mando Conjunto (JFC) de Norfolk (Virginia, EEUU) y de Nápoles (Italia), sumado al JFC de Brunssum, en Países Bajos, que ya estaba liderado por un mando europeo. Por encima de todos estos centros se encuentra el comandante supremo (SACEUR), la cabeza visible de toda la estructura militar de la OTAN y hasta ahora siempre estadounidense. La voluntad de EEUU es la de asumir el control respecto a las fuerzas marítimas (MARCOM), además de retener el control sobre las fuerzas terrestres y aéreas. Este será uno de los platos fuertes de la reunión que los ministros de Asuntos Exteriores celebran este jueves por la noche y este viernes en la ciudad sueca de Helsingborg, donde, a diferencia de en los últimos encuentros, sí que estará presente su homólogo estadounidense, Marco Rubio. Está previsto que este cambio en el reparto de fuerzas convencionales de la OTAN sea uno de los temas que la delegación estadounidense quiere que se aborde de cara a la cumbre que los líderes aliados celebrarán en julio en Ankara.
La OTAN ya esperaba reducción de tropas de EEUU. Lo que no quiere son más sorpresas
Estados Unidos ha encadenado varios anuncios de retiradas de tropas que están sorprendiendo a sus aliados de la OTAN. No porque no esperaban una reducción, sino por la falta de coordinación










