Actualizado a las 23:01h.

Era Cantaor el propio San Pedro hecho toro y ofrecía las llaves eternas en cada embestida: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la ... tierra, quedará desatado en el cielo». El paraíso escondía este serio y armónico cinqueño, negro listón, herrado con el 79 y de 572 kilos de peso. Y hasta él viajó Sebastián Castella, que reverdeció los laureles de su magnífico temple, de su conocimiento del toreo, ofreciendo la dimensión de la soberbia figura que ha sido y es. Porque hay que ser un pedazo de torero para estar a la altura de esas bravas y superlativas embestidas para cuajarlas como lo hizo. Su séptima Puerta Grande asomaba en el 237 de Alcalá, la número 22 para Victoriano del Río, pero el de Béziers pinchó y se atascó con el descabello hasta quedarse al borde de los tres avisos. Merodeaba un día después el titular de 'Toro al corral', y no por una vez, sino dos, que luego Emilio de Justo tampoco hallaría la muerte en el quinto. El maestro Roberto Domínguez va a tener que abrir una escuela sobre cómo usar el verduguillo: ¡vaya racha!

Plaza Monumental de las Ventas

Corrida de toros