Reviso los patrones argumentativos en periodistas y especialistas que tratan de entender qué pasa en Cuba y en México y qué sucederá durante los próximos meses, semanas, incluso días. Percibo mucho conocimiento, muchas preocupaciones y muchas conjeturas; estas últimas son inevitables ante los consuetudinarios vacíos de información clara, creíble y contundente desde muy distintas esferas de poder en juego. Tenemos aspectos didácticos como parte de la argumentación crítica. Por ejemplo, un prestigioso jurista, ex ministro de la Corte, ha estado ilustrándonos acerca de los procedimientos que podría seguir el Estado mexicano ante solicitudes de detención con fines de extradición (y nos ha explicado por qué es un paso obvio que una persona que se entrega al otro lado de nuestras fronteras se declare “no culpable”). Un periodista con largo recorrido repasa los tres pasos básicos en el protocolo de un indictment o acusación formal en Estados Unidos: el acopio de datos y testimonios, los hechos (con base en distintas acciones, que pueden incluir intervenciones telefónicas, revisión de cuentas bancarias, etcétera) y la construcción propiamente dicha de la argumentación, disponiendo los elementos anteriores como un relato muy documentado (de hecho, cada párrafo muy sustentado). Y es el inicio: el indictment no presupone culpa, pues la persona es inocente hasta que termine un largo proceso. Por lo demás, entre otros patrones argumentativos, detecto un pensamiento analógico: si Estados Unidos dio estos pasos y estos otros ante Venezuela y si ya está dando los primeros ante otros países, luego entonces… Las consecuencias posibles son numerosas. El Centro de Enseñanza para Extranjeros (cepe) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) publicó en 2021 el libro Evidencias, coordinado por la maestra Lisbeth Campos. Reunía a colegas de distintas áreas: la evidencia en filosofía, en literatura, en psicología, en enseñanza de lenguas, en derecho, específicamente en casos de litigio concreto. Y respondía a la preocupación de mucha gente, entre ellas el doctor José Narro Robles, por el crecimiento de las mentiras, las realidades alternativas y las noticias falsas en la vida pública. ¿Qué estábamos haciendo desde las humanidades para darle contexto comprensivo a un fenómeno sin duda recurrente en la historia, pero exacerbado por la abundancia de medios electrónicos y redes sociales y por crisis como la de la economía de mercado global, con sus numerosas orfandades? El libro tuvo buen desplazamiento e incluso recibió una solicitud de reimpresión por parte de la Coordinación de Universidad Abierta, Innovación y Educación a Distancia. El texto de Mauricio Beuchot ubica el interés por la evidencia como una de las inquietudes originales de la filosofía, hace ya dos milenios y medio. Mi capítulo sobre la literatura encuentra un fácil ejemplo en la narrativa de elucidación de crímenes o policiaca. En términos etimológicos, ‘evidencia’ tiene que ver con ‘lo que está a la vista’, ‘lo visible’. El famoso Sherlock Holmes, hijo de Arthur Conan Doyle, es un paradigma de observación de lo concreto por encima de las ideologías y las ideas preconcebidas: él observa la escena con atención fulgurante y pasa de los datos recibidos en su conciencia (gracias a los sentidos, en especial la vista) a evidencias que ya exigen una estructuración por parte de la mente con base en juicios previos, protocolos, experiencias, incluso traumas y desde luego proyectos, entre otros factores ya muy estudiados. Sherlock Holmes minimiza traumas y proyectos y se concentra en los datos para convertirlos en evidencias. El paso de las evidencias a las pruebas y de allí al juicio formal y la sentencia es un tema que hay ocupado a inteligencias brillantes a lo largo de milenios aquí y allá. Los dos capítulos del libro que se relacionan con la evidencia en derecho nos ofrecen pistas al respecto, si bien tienen un carácter introductorio y básicamente didáctico. Ni Sherlock Holmes ni el padre Brown contemplaron pantallas. Hoy nos formamos nuestros juicios a partir de mensajes e imágenes desde redes cibernéticas y así construimos nuestra noción de mundo. ¿Son evidencias todas las opiniones que nos llegan desde muy distintas fuentes indirectas, mediadas? No nos queda más remedio que “ver” una parte relevante de los acontecimientos desde nuestros celulares, “tabletas”, computadoras. Y al no ser juristas en plenitud tenemos que construir nuestras opiniones a partir de distintas mediaciones, como las que mencioné. Parece que la acumulación de datos en torno a una persona podría convertirse en elementos para que la juzguemos. Por eso de pronto abundan imágenes, historias, escenas, antecedentes alrededor de tal o cual “hombre del momento”, el más famoso en México de la noche a la mañana. “La Cuesta de las Comadres”, de Juan Rulfo, nos muestra un ejemplo universal de inferencia silogística entre personas comunes (la inmensa mayoría de la especie humana): 1) tengo una evidencia (mi hermano fue asesinado y despojado de 14 pesos), 2) tengo otra evidencia (tú te compraste una cobija nueva), 3) luego entonces, tú mataste a mi hermano para robarle su dinero. Las dos evidencias son premisas inocultablemente ciertas; el corolario, sin embargo, es falso: el presunto culpable vendió un corderito para comprarse una cobija (empiezan los fríos en el monte). Rulfo expone este tipo de experiencias universales y ello explica en parte su grandeza (The Guardian hizo una encuesta sobre las cien mejores novelas; hasta ahora Pedro Páramo y El Quijote son las únicas de lengua española; hoy, viernes 22, aparecen las 20 últimas en la lista). El pasado 29 de abril una persona viajó a una capital europea. En el vuelo venía un señor muy parecido al “hombre del momento”. Y traía guayabera. ¿Guayabera para una capital que aún ahora tiene una primavera con “sol frío”? Tenemos aquí dos evidencias: 1) el señor muy parecido, 2) la guayabera. Pero no tenemos la prueba de que aquel caballero fuera realmente el “hombre del momento”. Hay quien asegura lo siguiente: la evidencia de helicópteros y drones vigilantes sobre el palacio de gobierno en Culiacán sería una prueba de que “el hombre del momento” se encuentra allí. La única evidencia son los helicópteros y los drones. Y así nos movemos ante la vida pública: con conjeturas mediadas por instancias como el periodismo de investigación y análisis interpretativo y prospectivo. Valdrá la pena seguir ahondando en estos puntos. Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Palabra clave: pruebas, escribe Alberto Vital Díaz
Reviso los patrones argumentativos en periodistas y especialistas que tratan de entender qué pasa en Cuba y en México y qué sucederá durante los próximos meses, semanas, incluso días. Percibo mucho conocimiento, muchas preocupaciones y muchas conjeturas; estas últimas son inevitables ante los consuetudinarios vacíos de información clara, creíble y contundente desde muy distintas esferas de poder en juego. Tenemos aspectos didácticos como parte de la argumentación crítica. Por ejemplo, un prestigioso jurista, ex ministro de la Corte, ha estado ilustrándonos acerca de los procedimientos que podría seguir el Estado mexicano ante solicitudes de detención con fines de extradición (y nos ha explicado por qué es un paso obvio que una persona que se entrega al otro lado de nuestras fronteras se declare “no culpable”). Un periodista con largo recorrido repasa los tres pasos básicos en el protocolo de un indictment o acusación formal en Estados Unidos: el acopio de datos y testimonios, los hechos (con base en distintas acciones, que pueden incluir intervenciones telefónicas, revisión de cuentas bancarias, etcétera) y la construcción propiamente dicha de la argumentación, disponiendo los elementos anteriores como un relato muy documentado (de hecho, cada párrafo muy sustentado). Y es el inicio: el indictment no presupone culpa, pues la persona es inocente hasta que termine un largo proceso. Por lo demás, entre otros patrones argumentativos, detecto un pensamiento analógico: si Estados Unidos dio estos pasos y estos otros ante Venezuela y si ya está dando los primeros ante otros países, luego entonces… Las consecuencias posibles son numerosas. El Centro de Enseñanza para Extranjeros (cepe) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) publicó en 2021 el libro Evidencias, coordinado por la maestra Lisbeth Campos. Reunía a colegas de distintas áreas: la evidencia en filosofía, en literatura, en psicología, en enseñanza de lenguas, en derecho, específicamente en casos de litigio concreto. Y respondía a la preocupación de mucha gente, entre ellas el doctor José Narro Robles, por el crecimiento de las mentiras, las realidades alternativas y las noticias falsas en la vida pública. ¿Qué estábamos haciendo desde las humanidades para darle contexto comprensivo a un fenómeno sin duda recurrente en la historia, pero exacerbado por la abundancia de medios electrónicos y redes sociales y por crisis como la de la economía de mercado global, con sus numerosas orfandades? El libro tuvo buen desplazamiento e incluso recibió una solicitud de reimpresión por parte de la Coordinación de Universidad Abierta, Innovación y Educación a Distancia. El texto de Mauricio Beuchot ubica el interés por la evidencia como una de las inquietudes originales de la filosofía, hace ya dos milenios y medio. Mi capítulo sobre la literatura encuentra un fácil ejemplo en la narrativa de elucidación de crímenes o policiaca. En términos etimológicos, ‘evidencia’ tiene que ver con ‘lo que está a la vista’, ‘lo visible’. El famoso Sherlock Holmes, hijo de Arthur Conan Doyle, es un paradigma de observación de lo concreto por encima de las ideologías y las ideas preconcebidas: él observa la escena con atención fulgurante y pasa de los datos recibidos en su conciencia (gracias a los sentidos, en especial la vista) a evidencias que ya exigen una estructuración por parte de la mente con base en juicios previos, protocolos, experiencias, incluso traumas y desde luego proyectos, entre otros factores ya muy estudiados. Sherlock Holmes minimiza traumas y proyectos y se concentra en los datos para convertirlos en evidencias. El paso de las evidencias a las pruebas y de allí al juicio formal y la sentencia es un tema que hay ocupado a inteligencias brillantes a lo largo de milenios aquí y allá. Los dos capítulos del libro que se relacionan con la evidencia en derecho nos ofrecen pistas al respecto, si bien tienen un carácter introductorio y básicamente didáctico. Ni Sherlock Holmes ni el padre Brown contemplaron pantallas. Hoy nos formamos nuestros juicios a partir de mensajes e imágenes desde redes cibernéticas y así construimos nuestra noción de mundo. ¿Son evidencias todas las opiniones que nos llegan desde muy distintas fuentes indirectas, mediadas? No nos queda más remedio que “ver” una parte relevante de los acontecimientos desde nuestros celulares, “tabletas”, computadoras. Y al no ser juristas en plenitud tenemos que construir nuestras opiniones a partir de distintas mediaciones, como las que mencioné. Parece que la acumulación de datos en torno a una persona podría convertirse en elementos para que la juzguemos. Por eso de pronto abundan imágenes, historias, escenas, antecedentes alrededor de tal o cual “hombre del momento”, el más famoso en México de la noche a la mañana. “La Cuesta de las Comadres”, de Juan Rulfo, nos muestra un ejemplo universal de inferencia silogística entre personas comunes (la inmensa mayoría de la especie humana): 1) tengo una evidencia (mi hermano fue asesinado y despojado de 14 pesos), 2) tengo otra evidencia (tú te compraste una cobija nueva), 3) luego entonces, tú mataste a mi hermano para robarle su dinero. Las dos evidencias son premisas inocultablemente ciertas; el corolario, sin embargo, es falso: el presunto culpable vendió un corderito para comprarse una cobija (empiezan los fríos en el monte). Rulfo expone este tipo de experiencias universales y ello explica en parte su grandeza (The Guardian hizo una encuesta sobre las cien mejores novelas; hasta ahora Pedro Páramo y El Quijote son las únicas de lengua española; hoy, viernes 22, aparecen las 20 últimas en la lista). El pasado 29 de abril una persona viajó a una capital europea. En el vuelo venía un señor muy parecido al “hombre del momento”. Y traía guayabera. ¿Guayabera para una capital que aún ahora tiene una primavera con “sol frío”? Tenemos aquí dos evidencias: 1) el señor muy parecido, 2) la guayabera. Pero no tenemos la prueba de que aquel caballero fuera realmente el “hombre del momento”. Hay quien asegura lo siguiente: la evidencia de helicópteros y drones vigilantes sobre el palacio de gobierno en Culiacán sería una prueba de que “el hombre del momento” se encuentra allí. La única evidencia son los helicópteros y los drones. Y así nos movemos ante la vida pública: con conjeturas mediadas por instancias como el periodismo de investigación y análisis interpretativo y prospectivo. Valdrá la pena seguir ahondando en estos puntos. Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.














