Cada día, millones de desplazamientos dibujan una coreografía compleja sobre el asfalto de Barcelona. Coches, autobuses, motos, bicicletas y peatones conviven en una ciudad donde basta un accidente, una manifestación o una avería para alterar un equilibrio ya de por sí frágil. Lo que pocos ciudadanos imaginan es que, detrás de ese movimiento constante, existe una sala desde la que se observa, se analiza y, cuando es necesario, se interviene para evitar que la ciudad se detenga. Es el Centre de Serveis de Mobilitat del Ajuntament de Barcelona, una especie de cerebro invisible desde el que se coordina buena parte de la movilidad urbana.“Es el centro desde el que gestionamos y operamos la movilidad de toda la ciudad de Barcelona”, explica Eugeni Rico, jefe del Departamento del Centre de Serveis de Mobilitat. La definición parece sencilla, pero detrás de ella se esconde una infraestructura tecnológica y humana que funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, y que debe estar preparada para responder a cualquier incidencia en cualquier momento. “Tiene que estar atento a todo lo que pasa en la ciudad”, resume Rico, mientras describe un espacio en el que trabajan entre 50 y 60 profesionales organizados en turnos, con una presencia permanente de entre 25 y 30 personas durante el día.Imagen del Centre de Serveis de Mobilitat del Ajuntament de Barcelona Ajuntament de BarcelonaDesde este centro se supervisan 1.811 semáforos conectados, unas 250 cámaras de tráfico, sensores Bluetooth, espiras que miden la intensidad circulatoria, sistemas de control de acceso mediante pilonas, cámaras de la Zona de Bajas Emisiones y todos los dispositivos de vigilancia y gestión de túneles urbanos y de las rondas. Toda esa información llega en tiempo real a una sala de pantallas desde la que se puede observar el pulso de Barcelona casi al segundo. “Visualizamos qué está pasando a nivel de tráfico en la ciudad. Si hay una avería, podemos modificar programaciones semafóricas, activar planes especiales o gestionar paneles informativos en cualquier momento”, explica.Sin embargo, una de las ideas que Eugeni Rico quiere desmontar es la visión simplista que muchos ciudadanos tienen sobre los semáforos. A menudo, cuando alguien queda atrapado en un atasco o siente que ha enlazado varios semáforos en rojo, piensa que algo no funciona. La realidad es mucho más compleja. “La gente muchas veces piensa que las operaciones semafóricas se hacen de forma aleatoria, pero detrás hay mucha ciencia y mucha ingeniería de tráfico”, asegura. Y añade una clave fundamental para entender cómo se gestiona la movilidad urbana: “La semaforización no actúa de forma aislada; cada cruce está relacionado con el siguiente para dar coherencia a toda la red”.Un agente de la Guardia Urbana controla el tráfico en BarcelonaCeci Fimia - Ajuntament de BarcelonaEso significa que intervenir sobre un semáforo no consiste simplemente en alargar o acortar una luz verde. El centro trabaja con una biblioteca de planes semafóricos previamente diseñados para responder a distintas situaciones: horas punta, cortes por obras, grandes eventos, accidentes o emergencias. “Cada día generamos nuevos planes. La biblioteca se va incrementando constantemente”, explica Rico. Algunos de esos protocolos están específicamente pensados para facilitar corredores de prioridad para vehículos de emergencia. Cuando un camión de bomberos o una ambulancia inicia una salida urgente, el sistema puede adaptar automáticamente la secuencia de varios cruces para despejarle el camino. “Cada vez que salen y necesitan el corredor, automáticamente se activa y se adapta el tránsito al convoy de emergencia”.No todo puede preverse, por supuesto. Hay días en los que la ciudad obliga a reaccionar sobre la marcha. Un semáforo averiado, un accidente en una ronda o una manifestación espontánea pueden desencadenar decisiones inmediatas. Cuando un regulador deja de funcionar, el centro recibe una alerta automática. “Avisamos a los equipos de mantenimiento para que vayan a repararlo urgentemente y también damos aviso a la Guardia Urbana”, explica Rico. Si el fallo afecta en un cruce estratégico, agentes municipales pueden asumir temporalmente la regulación manual del tráfico hasta que el problema quede resuelto.Durante el apagón del año pasado, gran parte de los semáforos siguió funcionando gracias a que equipan sistemas de alimentación ininterrumpida Uno de los momentos más delicados que recuerda el equipo fue el gran apagón del año pasado. “Perdimos la comunicación con el centro de control y tuvimos ciertas dificultades”, rememora Rico. Aun así, gran parte de la red pudo seguir funcionando gracias a los SAI, sistemas de alimentación ininterrumpida que permiten que muchos semáforos sigan operativos incluso cuando falla el suministro eléctrico. “Cerca del 70% estaban equipados con estas baterías, así que siguieron funcionando durante unas horas”, explica. Mientras tanto, los equipos técnicos se desplegaron para verificar los cruces más sensibles y la Guardia Urbana reforzó su presencia allí donde era necesario intervenir.Vehículos detenidos ante un semáforo rojo en el cruce de la calle Muntaner con la avenida Daigonal en Barcelona Andrea Martínez / PropiasAdemás de reaccionar, el gran reto del centro pasa cada vez más por anticiparse. La inteligencia artificial empieza a abrir nuevas posibilidades para la gestión del tráfico, aunque Barcelona presenta particularidades que hacen especialmente complejo aplicar soluciones estándar. “Estamos trabajando para que los modelos predictivos sean cada vez más fiables y nos permitan anticipar qué puede pasar cuando hacemos una determinada actuación”, señala Rico. El objetivo es poder prever, con un mayor grado de precisión, cómo afectará cualquier cambio al conjunto de la movilidad urbana.Pero la capital catalana no es una ciudad cualquiera. “La mayoría de tecnologías de inteligencia artificial que se están aplicando se han desarrollado pensando sobre todo en el vehículo privado”, explica. Barcelona, en cambio, obliga a pensar en muchas más variables: la densidad de peatones, la prioridad del transporte público, la expansión de la bicicleta, la elevada presencia de motocicletas y una trama urbana extremadamente compacta, donde los cruces están muy próximos entre sí. “Buscar el equilibrio entre todos los modos de movilidad es mucho más difícil aquí”, admite.El centro de movilidad se alimenta también de una enorme cantidad de datos que los ciudadanos generan sin ser plenamente conscientesPara lograrlo, el centro se alimenta también de una enorme cantidad de datos que los ciudadanos generan sin ser plenamente conscientes. Sensores de tráfico, dispositivos Bluetooth y datos aportados por operadores de transporte permiten construir una imagen precisa de cómo se mueve la ciudad. Rico insiste, sin embargo, en que la privacidad está garantizada. “No tenemos datos de cómo se mueve ningún ciudadano. Todo se hace en estricto cumplimiento de la normativa de protección de datos”.El control de la movilidad en Barcelona es complejo debido a todos los usuarios que conviven en la ciudad: ciclistas, motoristas, peatones, coches...Mariona Gil - Ajuntament de BarcelonaDespués de escucharle, resulta inevitable preguntarse qué pensaría cualquier barcelonés si pudiera pasar una hora dentro de esta sala. Rico tiene clara la respuesta. “Se sorprendería de hasta qué punto tenemos una monitorización y una gestión de toda la movilidad de la ciudad”. Quizá también entendería mejor por qué, incluso cuando todo parece colapsado, detrás hay un esfuerzo constante por mantener un equilibrio casi imposible.Porque Barcelona es una ciudad pequeña en superficie, pero gigantesca en movimiento. Cada mañana absorbe miles de desplazamientos desde el área metropolitana y cada tarde los devuelve en sentido contrario. La capacidad física de sus calles tiene un límite y cualquier pequeño incidente puede romper la delicada estabilidad del sistema. “Cuando alguien está atrapado en un atasco, es normal que piense que todo funciona mal, pero lo que intentamos es mantener un equilibrio muy complejo entre una demanda enorme y una capacidad limitada”, reflexiona Rico.La capacidad física de las calles de Barcelona tiene un límite y cualquier pequeño incidente puede romper la estabilidad del sistema de movilidadQuizá por eso, su consejo más importante no tiene que ver con algoritmos ni con tecnología, sino con algo mucho más básico: la atención. “La principal causa de accidentes es la distracción”, advierte. Conductores, motoristas y peatones pendientes del móvil en lugar de lo que sucede a su alrededor siguen siendo el mayor factor de riesgo para una movilidad más segura.Mientras tanto, en esta sala discreta, llena de pantallas y mapas dinámicos, un equipo entero sigue observando cómo se mueve Barcelona para evitar que deje de hacerlo. Un trabajo silencioso, invisible para casi todos, pero imprescindible para todos. Como dice Eugeni Rico, “si los ciudadanos vieran esto, entenderían mejor cómo funciona la ciudad”.
El cerebro invisible que mueve Barcelona: así funciona el centro que controla semáforos, túneles y tráfico las 24 horas del día
El Centre de Serveis de Mobilitat trabaja con una biblioteca de planes semafóricos diseñados para responder a distintas situaciones: horas punta, cortes por obras, grandes eventos, accidentes o emergencias











