Noticia Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas. 26 may 2026 - 05:00Hay científicos que explican el futuro con solemnidad y otros que lo hacen como si estuvieran contando una anécdota en la sobremesa. Mateo Valero pertenece claramente al segundo grupo. Habla de supercomputadores, procesadores, inteligencia artificial, fusión nuclear o autonomía tecnológica europea con la misma naturalidad con la que menciona un plato de cordero o lanza una frase que resume media geopolítica digital: “Sin chips no hay paraíso”.Valero quería ser matemático, estudió Telecomunicaciones y acabó convirtiéndose en una de las figuras clave de la supercomputación en España (y en el mundo). Es catedrático de Arquitectura de Computadores en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y al frente del BSC, ha logrado situar a Barcelona en el mapa mundial de la computación de altas prestaciones. De hecho, defiende que, gracias al talento que convive en las instalaciones, "por cada euro que se invierte, se generan unos diez" para Barcelona. Asimismo, su currículum abruma: más de 700 artículos publicados, más de 800 conferencias invitadas, premios internacionales de referencia, 14 doctorados honoris causa y un papel decisivo en la construcción de la independencia europea en HPC (High Performance Computing).Pero Valero no habla de todo eso como quien repasa medallas. Prefiere contar que la asociación de madres y padres de alumnos de Alfamén (Zaragoza) decidió poner su nombre al colegio público donde estudió de niño y que los pequeños estudiantes actuales visitan cada año el BSC. O que en 1985 pidió 10 millones de pesetas al Ministerio de Industria para comprar una máquina con 64 procesadores porque la Universidad necesitaba un instrumento para conectar con la sociedad. De aquella intuición nació primero el Centro Europeo de Paralelismo de Barcelona (CEPBA), que años después sería el Barcelona Supercomputing Center.Hoy, el BSC alberga MareNostrum 5, uno de los grandes superordenadores europeos de preexaescala: una máquina de más de 180 racks, 160 kilómetros de cableado y una capacidad de cálculo equivalente a la de 380.000 portátiles de gama media-alta. Lo que hace en una hora, a un ordenador común le llevaría 46 años. Desde allí, Valero defiende que la supercomputación ya no es una rareza reservada a unos pocos laboratorios, sino una infraestructura invisible que está detrás de la predicción meteorológica, la medicina personalizada, los nuevos materiales o los modelos de lenguaje. Una herramienta universal, dice, para hacer ciencia mejor y más rápido.El objetivo en Europa es lograr la soberanía digital. ¿Por qué el BSC es clave en esto y por qué debería importarle a un ciudadano que la tecnología que usa, los datos que genera o la IA que le atiende dependan y se ubiquen en infraestructuras europeas?Europa tiene que tener los instrumentos para llevar a cabo sus ideas. Durante muchos años Europa ha dicho: "Tenemos las ideas y que produzcan al otro lado". Eso ha sido un error y ahora nos hemos dado cuenta. En este campo, la base de todo son los chips. Y Europa no produce chips, por lo que estamos en muy mala posición. Es como querer construir rascacielos sin tener ladrillos y usar los de otros. Esos rascacielos nunca serán del todo tuyos y los otros te dirán cómo son. Sin chips no hay paraíso. Los chips son la base para hacer hardware y el hardware es la base para ejecutar modelos de inteligencia artificial.¿Se puede cambiar esto en Europa?Se puede, pero es muy costoso. Además, uno de los problemas de Europa es que muchas veces no tenemos muchas cosas que podríamos tener porque Europa no es Europa, es un conjunto de países que cada uno va a lo suyo. Igual que España no es España, es un conjunto de comunidades autónomas. Si hubiera una planificación global de agua, de electricidad, de recursos... sería más fácil. La unión hace la fuerza. Cuando Europa se ha unido en Airbus o en Galileo o en el CERN, se han hecho cosas únicas. En chips se podrían hacer, pero hay que ser decididos.Con el objetivo de lograr soberanía digital, desde el BSC defendéis convertir a Barcelona en la Silicon Valley de Europa. ¿Por qué es tan importante lograr que la ciudad sea un polo tecnológico de estas características?Porque Europa no diseña ni fabrica chips, pero ahora con el hardware RISC-V —arquitectura de procesadores abierta y libre que permite diseñar chips sin depender de grandes compañías—, sí se puede. Por otro lado, la tecnología está ya en dos nanómetros —medida extremadamente pequeña usada para fabricar chips—, y la inteligencia artificial está cambiando mucho los algoritmos. Cuando aparece todo esto, hay una batalla para hacer muchos procesadores e implementar muchas ideas. Entonces, yo acuñé la frase hace cinco años y dije: 'Quiero que Barcelona sea la ciudad del diseño', y para ello necesitamos tener 5.000 o 6.000 personas diseñando chips. Ahora seguramente hay 1.500 en total.Hay todavía una diferencia para poder llegar. ¿Es posible alcanzar esta cifra en un futuro aquí en Barcelona?Es posible, pero dependerá de los inversores y del talento que se pueda captar. Por ejemplo, en el Barcelona Supercomputing Center hay 1.400 personas trabajando; el 35% de estas vienen de unos 65 países. Del total, 200 están haciendo chips y 150 diseñando software, que son profesionales muy buenos."Sin chips no hay paraíso. Los chips son la base para hacer hardware y el hardware es la base para ejecutar modelos de IA"Por otro lado, hay muchos proyectos nacionales e internacionales que vienen a Barcelona a trabajar y colaborar con el BSC, ¿qué impacto social y económico tiene para la ciudad?Es una buena pregunta para el alcalde Jaume Collboni, que está muy contento [ríe]. El BSC es un punto de atracción de talento. Si a esas 1.400 personas que tienes en el centro les sumas aquellas que han creado spin-offs —empresas surgidas a partir de proyectos o investigaciones del centro—, además de las que hemos formado y se han quedado aquí… hemos evaluado que, por cada euro que se invierte [en el BSC], se generan unos diez. El valor del BSC es increíble, siendo el mejor centro de supercomputación de Europa y uno de los tres mejores del mundo.La semana pasada, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, volvía de California tras reunirse con empresas del sector tecnológico y, a su vez, el BSC firmaba allí acuerdos con NVIDIA y Supermicro. ¿Qué implica lograr convenios como estos?NVIDIA es la mejor casa en diseño de chips y Supermicro es muy buena en montar racks —donde se instalan los chips—. Estas piezas se ponen en armarios, se conectan con las redes y así se hacen los supercomputadores. Acuerdos con NVIDIA para desarrollar chips juntos y con el otro para montar en Barcelona sus racks, puede significar para la ciudad lo que decíamos, que una Supermicro pueda instalar una sede aquí de mil personas. Pues fíjate si vale eso para Barcelona, porque esta gente no gana mil euros al mes.Entonces, ¿con acuerdos como estos es posible que Barcelona atraiga a más empresas y trabajadores?Sí, y que formen parte de esto que hablábamos, de que seamos como Silicon Valley.Para quien no le conozca, usted es una de las figuras clave de la supercomputación en España y en el mundo y el impulsor del Barcelona Supercomputing Center...Yo quería ser matemático, pero hice Telecomunicaciones… aunque no he utilizado mi formación. Lo que me gustaba era diseñar computadores. Por eso me he centrado en la investigación y cómo diseñar procesadores de muy alta velocidad. De ahí han salido 58 tesis doctorales y más de un millar de doctorandos. Al mismo tiempo que estaba en la Universidad, pensé que debíamos dotarnos como departamento de un instrumento para conectar con la sociedad. Yo había conseguido la cátedra muy joven, con 30 años, y había estado en la UCLA (la Universidad de California en Los Ángeles). A mi vuelta me decidí a dar el paso: fui a Madrid, al Ministerio de Industria que había entonces, y les dije que quería 10 millones de pesetas [unos 60.000 euros] para comprar una máquina con 64 procesadores.¿Para qué necesitaban tanto dinero?Porque todo el proyecto se basaba en procesadores que iban a trabajar conjuntamente para realizar una operación. En eso consiste el paralelismo, y los supercomputadores son sistemas paralelos con muchos procesadores, mucha memoria y conectados. Me dieron el dinero y creé el Centro Europeo de Paralelismo de Barcelona (CEPBA). La mejor parte fue que convencí al Gobierno de España, al de Catalunya y a la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) para que hicieran un consorcio. Y llevan 41 años trabajando juntos. El objetivo de ese centro era que la Universidad pudiera conectar y transferir tecnología a la sociedad. Dos décadas después nos propusieron ser centro nacional y de ahí nació, hace 21 años, el Barcelona Supercomputing Center.Si tuviera que explicarle a una persona que no sabe nada de tecnología para qué sirve un superordenador, ¿qué le diría?Un centro de supercomputación es un centro donde se hace investigación utilizando supercomputadores. Un supercomputador son máquinas muy potentes que están formadas por procesadores muy potentes (un millón de ellos, un millón y medio en el caso de los grandes), cada uno con su memoria y conectados a través de una red de interconexión, porque se tiene que intercambiar información para colaborar. Es un instrumento que sirve para que los investigadores hagan gemelos digitales, que son representaciones virtuales de cosas que queremos ver por primera vez o de cosas que queremos ver mejor, porque cada vez los supercomputadores son mejores. Para hacerse una idea de su evolución: el término de supercomputación apareció por primera vez en 1975; los computadores de ahora comparados con aquel son 10.000 millones de veces más potentes. Son máquinas muy poderosas en cálculos y muy poderosas en memoria para poder introducirles muchos datos, porque la precisión de los resultados depende de la información que tengan almacenada.Uno de los grandes superordenadores que tienen es el MareNostrum 5. ¿Qué puede hacer que no pueda ofrecer una nube comercial convencional?Los supercomputadores son los computadores más rápidos del mundo haciendo ciencia abierta. Sin embargo, los computadores más rápidos del mundo son los data centers. Y en los data centers es donde se entrenan y luego se utilizan los modelos de IA comerciales. Nuestro objetivo no es competir con OpenAI (no podríamos con la cantidad de dinero que tienen). El objetivo es hacer modelos de lenguaje que nos sirvan para hacer mejor la ciencia. Es decir, por ejemplo, la simulación del avión no sería posible sin una colaboración que se da cada vez más entre la simulación clásica y la inteligencia artificial. Conviven en la misma simulación. Los datos que vas produciendo entrenan una red y esa red te va dando datos para seguir la simulación.¿En qué cosas concretas de nuestra vida puede acabar influyendo el trabajo que se hace en el BSC?Podemos ver cosas que no hemos visto nunca: un reactor de fusión, cómo sería el plasma, un nuevo material que todavía no se ha fabricado, cómo sería la proteína asociada en una secuencia de aminoácidos que no ha creado la madre naturaleza (fue el Premio Nobel de Medicina). Y hay otras cosas que cada vez vemos mejor, como, por ejemplo, la predicción del clima. Todo esto se aplica para hacer medicina personalizada, para estudiar el cambio climático, para estudiar IA, para hacer simuladores de desastres naturales, de las smart cities... Estamos simulando incluso el avión de combate europeo. Es decir: todo aquello que tenga matemáticas, física y se pueda representar, lo puedes meter en un supercomputador y hacer muchas operaciones con ello.Ha puesto el ejemplo de la predicción meteorológica, que es algo que las personas usamos todos los días. ¿Qué otra cosa cotidiana puede decir?Cotidiano es todo. Aunque no lo notamos, la supercomputación ha influido en casi todo lo que hay. Por ejemplo, en robots que operan o en secuenciamientos del ADN, pero también en ChatGPT, Gemini… Diría que casi no hay ciencia o ingeniería que no la utilice. Es una herramienta universal.Habla de recursos. Uno de los grandes problemas de la inteligencia artificial y la supercomputación es que, cuando más escalan, más energía necesitan. ¿Cómo se puede seguir aumentando la capacidad de cálculo sin que el coste energético se dispare?El consumo energético se abarca desde varios ámbitos. A nivel de hardware, cada vez haces más operaciones con el mismo gasto. Hay un dato que se llama gigaflops por vatio y eso, por ejemplo, en los últimos once años lo hemos dividido por 37. Es decir, las operaciones que gastaban 37 vatios hace once años ahora gastan uno. Una vez que tienes la máquina (que tiene muchos procesadores, memorias, interconexión…), vas a ejecutar algoritmos. Ahí es fundamental que se cambien los algoritmos reduciendo el tráfico de datos, su movimiento. Es decir: cuesta más energía mover datos a través de estos monstruos que hacer operaciones. Hay muchas técnicas para reducir la energía. Dicho esto, el gran consumo de energía es el mayor problema que tenemos.¿Las empresas privadas también están haciendo ese esfuerzo para reducir el gasto energético?Cada uno intenta hacer lo mejor para que la energía sea la mínima para hacer lo mismo. Dicho esto, ahora van a hacer un data center de Meta que quiere emplear 5 GW. Todos los data centers españoles son medio gigavatio. En nuestro país gastamos anualmente 30, así que 5 GW es el 16 % de toda la energía que gasta España. Cada vez se va gastando más. Nosotros aquí pagamos 12 millones de euros de factura y tenemos 12 MW. 5 GW serían 5.000 millones de dólares al año para pagar el recibo de la luz.Conforme a los criterios deMarta GascónCoordinadora 20bitsMarta Gascón es periodista en 20MINUTOS desde 2019. Actualmente se especializa en tecnología, y dirige 20bits, donde escribe sobre dispositivos, inteligencia artificial, ciberseguridad y naves de la NASA, además de analizar productos en la sección de reviews.