Alcaldes y usuarios reclaman, junto al Ejecutivo de Page, la gratuidad de la AP-41 entre Madrid y la capital castellanomanchega, la autopista de peaje más infrautilizada del país
Rubén Sardón, informático de 29 años, se pone en carretera antes de las seis de la mañana para acudir a su trabajo en Madrid. Se desplaza desde Palomeque, en la provincia de Toledo, por la A-42, “de las primeras autovías en colapsarse en todo el país, tal y como refleja Google Maps”, asegura. La alternativa a estos atascos, pasando antes por caja, es la AP-41, una autopista que se abrió en 2006, que conecta Madrid y Toledo, y que en 2025 apenas registró un tráfico medio diario de 2.877 vehículos. De sus 57 kilómetros, solo cinco están exentos de peaje. Ambas carreteras se miran casi de reojo, pero mientras una, la A-42, no da para más, la AP-41 va prácticamente vacía. El alcalde de Illescas, José Manuel Tofiño (PSOE), defiende la gratuidad de esta autopista, rescatada por el Estado en 2019, como la solución “más económica, más rápida y más eficaz” para descongestionar el tráfico de la maltrecha A-42, que atraviesa una comarca, La Sagra, que no deja de crecer por el bum de la logística y por un mercado de la vivienda que empuja a muchos madrileños a fijar su residencia más allá de la M-50.










