Vaya por delante que, en una estrategia enfocada a la longevidad, lo que verdaderamente determina si viviremos más años y en las mejores condiciones siempre serán los hábitos de vida que hemos llevado desde la juventud. Por lo tanto, eso no significa que, llegados los 50, 60 o 70 años, ya no se pueda hacer nada al respecto, ni mucho menos. Y una de las herramientas que tenemos para llegar allí donde los hábitos no alcanzan puede ser la suplementación.La doctora Gloria Sabater (Barcelona, 1964), doctora en Farmacia en la Universidad de Barcelona (1998) y responsable de la Unidad de Antiaging & Longevity de la Clínica Planas de Barcelona, asegura que “la evidencia científica sobre los suplementos alimenticios para la longevidad muestra resultados prometedores en estudios preclínicos, aunque la evidencia clínica todavía es limitada, variable o mixta en humanos”.Los resultados a los que hace referencia la doctora tienen que ver con “mejoras en la función mitocondrial, reducción del estrés oxidativo, modulación de la inflamación, aumento de la autofagia o mitofagia y activación de las vías metabólicas relacionadas con el envejecimiento saludable”, resume. Estos avances son parte del recorrido de la medicina de la longevidad. Un camino en el que también los suplementos alimenticios ocupan un papel relevante.Cada vez hay más gente que deposita en los suplementos alimenticios sus esperanzas para vivir más años. Sin embargo, ¿existen evidencias científicas que confirmen su capacidad para frenar el envejecimiento?Seré clara. Dicho de un modo simplista, el suplemento por sí solo no garantiza la longevidad. El principal problema relacionado con las estrategias para frenar el envejecimiento es la dificultad para ser constantes y fieles a unos hábitos de vida saludables; es decir, mantener una adherencia estricta a un estilo de vida que favorezca la longevidad. Digamos que, de forma genérica, el suplemento es necesario en el momento en que somos incapaces de seguir una alimentación sana o practicar la cantidad de ejercicio recomendada. En definitiva, cuando una persona no consigue llevar a cabo lo que las personas más longevas han hecho a lo largo de su vida, entonces tiene que tomar suplementos. O también en el caso de las personas mayores, cuando aparecen problemas como la sarcopenia (pérdida de masa muscular) o un deterioro de las capacidades cognitivas.Por tanto, en una estrategia antiaging, ¿lo primero es estilo de vida, y después los suplementos?Así es. Los suplementos están en la recámara. Son como “cuñas” que sirven para obtener los beneficios que proporcionan los hábitos que las personas no llegan a implementar en su vida. Por tanto, insisto en que el máximo protagonismo en la longevidad recae en los hábitos que hemos llevado a lo largo de los años. El problema es que llevar unos hábitos perfectos es prácticamente imposible para el 99 % de la población.Mucha gente no sabe que hay complementos cuyas dosis recomendadas cambian en función de si se es hombre o mujerGloria SabaterGran parte de ese porcentaje recurre a los suplementos para alargar su esperanza de vida. Y muchos lo hacen por su cuenta. ¿Eso es un problema?Sí. No es que sea un riesgo innecesario, pero, en ocasiones, es contraproducente, ya que se arriesgan a tomar suplementos que realmente no necesitan, o a hacerlo en una cantidad y frecuencia inadecuadas. Por ejemplo, mucha gente no sabe que hay complementos cuyas dosis recomendadas cambian en función de si se es hombre o mujer. Por otro lado, también es muy importante tener en cuenta las posibles interacciones que puede haber entre el suplemento y el medicamento que se esté tomando en ese momento, y eso es algo que sí puede representar un riesgo que no se suele tener en cuenta. De hecho, muchas veces ni siquiera los propios médicos preguntan a los pacientes qué suplementos toman antes de prescribir un medicamento. Yo siempre que recomiendo un complemento reviso la medicación y utilizo G-nomic para averiguar si hay interacciones.Un problema añadido es que actualmente parece que hay más influencers que profesionales de la salud…Así es. Mucha gente acude antes a las redes sociales que a la consulta del médico. Y eso es un gran inconveniente, ya que muchos influencers promocionan y aconsejan productos a todo el mundo por igual, sin tener en cuenta que el mismo producto, incluso con la misma dosis, no funciona de la misma manera en todas las personas. En este punto, me gustaría insistir en que solo los profesionales de la salud pueden determinar qué complementos son los más adecuados en cada caso, en qué cantidad y con qué frecuencia. Y eso solo es posible determinarlo escuchando a la persona, haciendo analíticas y conociendo su estado de salud general. Además, muchas de las interacciones de los principios activos naturales con los medicamentos se deben a que tienen efectos similares al medicamento. Es decir, que, si ambos producen los mismos efectos, estos se suman. Por ejemplo, si estás tomando un anticoagulante farmacológico y decides tomar un complemento de omega-3, que también tiene efectos ligeros anticoagulantes (antiagregante plaquetario), estarás superando el efecto anticoagulante que necesitas.¿Cuáles son los suplementos recomendados en la era de la longevidad? CedidaLee tambiénAlgunos de los suplementos antiaging que se han puesto de moda son la urolitina A, nicotinamida ribósido, el omega-3, la creatina o el magnesio… Con tanta oferta, resulta complejo elegir. ¿Cuáles son los más eficaces para un envejecimiento saludable?Hay que tener en cuenta que existen varias vías de envejecimiento; por lo tanto, no hay un ingrediente único que alargue la vida. Mucha gente me pregunta cuál es el mejor, y lo cierto es que depende de numerosos factores. Los que has nombrado, y algunos más, son suplementos que se han puesto de moda, pero eso no significa que sean los más efectivos. Por ejemplo, yo nombraría la berberina. Para mí es uno de los más interesantes. Modula la microbiota intestinal, mejora la sensibilidad a la insulina e inhibe la gluconeogénesis hepática. Ahora bien, ¿quién tiene que tomarla? Pues, sobre todo, las personas que tienen fuera de control la glucemia, es decir, personas que, en principio, o no llevan o no han llevado un estilo de vida saludable.¿Algún suplemento más?A cada paciente recomendaría el suplemento que mejor se ajustase a sus necesidades. Así, por ejemplo, la creatina sería para los casos en que hay que mejorar la masa muscular. La urolitina también es adecuada para incrementar la función muscular y la resistencia. Además, reduce la inflamación. Por otro lado, la nicotinamida ribósido aumenta el NAD (nicotinamida adenina dinucleótido) y, por lo tanto, incrementa la sensación de tener mayor energía.Elegir entre tantos ingredientes no es fácil. Y más cuando su eficacia varía a pesar de tener el mismo nombre, ¿no es así?Cierto, no todos los ingredientes con el mismo nombre tienen la misma biodisponibilidad o eficacia. Por eso, muchas veces los precios son diferentes, porque los ingredientes con marca registrada suelen estar avalados por estudios científicos de eficacia enfocados, a veces, a objetivos distintos.En cualquier caso, todos parecen tener algo positivo que ofrecer. Pero, ¿desaconsejaría alguno?No. No desaconsejaría ninguno en concreto. La idea es prescribir solo aquello que necesita el paciente, y hacerlo en función de sus condiciones específicas.Si nos centramos en la suplementación antiaging, ¿qué ingredientes destacaría?En primer lugar, el TA-65 (extracto de Astragalus membranaceus). Es uno de los pocos suplementos relacionados con longevidad que dispone de ensayos clínicos aleatorizados y controlados en humanos mostrando efectos sobre telómeros e inmunosenescencia. Pero, en general, lo principal sería priorizar los suplementos que combatan la fragilidad ósea y muscular, junto con aquellos que ayuden a conservar la función física y los que contribuyan a mantener la memoria. En definitiva, aquellos que favorezcan la independencia física y mental. Eso es lo que yo priorizaría, en general, aunque, obviamente, cada persona es única y tendrá unas necesidades específicas.Hay que priorizar los suplementos que combatan la fragilidad ósea y muscular, junto con aquellos que ayuden a conservar la función física y la memoriaGloria Sabater¿Cómo cuáles?Por ejemplo, en las personas mayores, la falta de actividad es habitual por diferentes razones. Y para combatir ese sedentarismo, el HMB (beta-hidroxi beta-metilbutirato) es muy útil, ya que ayuda a reducir la sarcopenia (pérdida de masa muscular). Ahora bien, si puedes, lo mejor es hacer ejercicio y complementarlo con HMB, creatina y proteína.Parece que la suplementación es una gran ayuda para la longevidad, pero siempre por detrás de llevar una vida saludable. ¿Es así?Sí. En mi opinión, si hacemos todo lo que hace la gente longeva, posiblemente no necesitemos suplementación. Eso sí, también hay que tener en cuenta la genética. Nuestro ADN predispone a la longevidad y, además, su impacto es mucho mayor a partir de los 60 años. En cualquier caso, en general, hay que saber encontrar el equilibrio, priorizando el ejercicio, el control del estrés, el sueño y una alimentación enfocada a nutrir la microbiota intestinal.Lee tambiénEntonces, ¿priorizamos alimentación frente a la suplementación?En general, así es. Sobre todo, cuando hay alimentos que aportan lo mismo. No tiene sentido tomar un suplemento cuando podemos encontrar su principio activo en un alimento. Por ejemplo, se ha puesto de moda la espermidina. Sin embargo, este ingrediente se encuentra de forma natural en el germen de trigo, e incluso en dosis similares. Por tanto, ¿por qué tomar un suplemento si podemos tomar una cucharada de germen de trigo que aporta además otros beneficios? Por el contrario, en ocasiones es preferible tomar el suplemento frente al alimento. Un ejemplo de ello es la quercitina. Si el objetivo es reforzar la dieta con este ingrediente, 100 g de cebolla cruda tienen 30-50 mg y la mayoría de suplementos contienen entre 100-500 mg de quercitina. Eso sí, siempre en la dosis ajustada a las necesidades de la persona. Hay mucha gente que cree que, en esto de los suplementos, cuanto más, mejor, y no es cierto.Entonces, ¿cuál sería la estrategia ideal de suplementación longevity?Yo soy partidaria de implementar una estrategia de microimpactos. Es decir, siguiendo con el ejemplo de la quercitina, es preferible que el paciente se tome dosis diarias de 80-100 mg de quercitina, que sería como si comiera una ración generosa de cebolla cruda cada día (algo difícil de conseguir), pero muy por debajo de tomar dosis de 1 g, que con la idea de “más es mejor” algunos comenten el error de tomar dosis excesivas. El funcionamiento de los microimpactos lo vemos claramente en la dieta mediterránea. Este patrón alimentario está bien considerado porque está basado en microimpactos de polifenoles, de omega 3, de proteína saludable de pescado, fibra, frutos secos…¿Qué suplementos son los más beneficiosos para la longevidad? Janine LamontagneEsta dieta, la mediterránea, es la que tienen en común las personas centenarias. ¿Cree que la alimentación puede explicar una vida tan prolongada?Sin duda, la dieta les ayudó a llegar a centenarios. Y, además, lo hicieron sin suplementación, lo cual hace que me pregunte qué hubiera pasado en sus vidas si se hubieran suplementado. Eso es algo que no sabremos. Ahora bien, lo que sí sabemos es que, aun siendo importante, la dieta no es el único factor. Muchos estudios sobre las zonas azules (lugares donde se concentra la población más longeva del planeta) han demostrado que también influyen el ejercicio físico, la actividad cognitiva, las relaciones personales y también la genética. En concreto, el impacto del ADN sobre la longevidad se sitúa entre un 5 y un 35 %. En este punto, lo interesante es que, si tú conoces tu genética, puedes adaptar tu estilo de vida a tus potenciales riesgos. Por eso, la medicina ideal para la longevidad es predictiva, antes que preventiva, y también proactiva porque hemos de poner de nuestra parte.