Liberal sin neoEl patrón selectivo se describe con una palabra: sesgo.

El Premio Pulitzer 2026, otorgado el pasado 4 de mayo a The Washington Post por su cobertura de los esfuerzos de la administración de Donald Trump y del programa DOGE para reducir el tamaño del gobierno federal, subraya una pregunta incómoda sobre el periodismo contemporáneo; ¿la prensa está fiscalizando el poder o participando activamente en una batalla política? Es sano que un medio critique y cuestione al poder; el problema es que ciertos grandes e influyentes medios han dejado de distinguir entre periodismo investigativo y activismo narrativo.

El premio reconoce una serie de reportajes centrados en los recortes de gasto y despidos de empleados públicos. Los reportajes se enfocan en las consecuencias emocionales de los recortes; humaniza a los afectados, relata vidas “trastocadas”, construye empatía con el burócrata desplazado y el gasto podado. Lo que brilla por su ausencia en ese enfoque es la otra cara de la moneda; el crecimiento sostenido del aparato estatal estadounidense, un déficit fiscal malsano, deuda pública asfixiante cuyo servicio drena el gasto corriente y la pregunta legítima de si un gobierno de ese tamaño es sostenible y quién lo paga. El lector recibe retratos humanos del dolor burocrático, sin atender el igualmente dramático costo de sostener el gasto descontrolado del aparato estatal. Premiar ese ángulo narrativo como “servicio público” dice tanto sobre el Pulitzer como sobre el Post.