Las pensiones siguen centrando el debate económico en España por el envejecimiento de la población, la presión sobre las cuentas públicas y la dificultad de sostener un modelo diseñado para una realidad demográfica distinta. Pablo Gil, economista y analista financiero, ha abordado este problema en The Wild Project, donde ha advertido de que el sistema exige decisiones incómodas que ningún Gobierno quiere asumir con claridad. El experto financiero plantea que las vías habituales para sostener las pensiones tienen límites evidentes. “Nadie quiere trabajar más de 67 años”, explicó, recordando que en Francia la protesta de los chalecos amarillos por un año más de cotización ya mostró el rechazo social a alargar la vida laboral. La segunda opción sería aumentar la recaudación, pero el economista también ve poco margen en esa dirección. Según señaló, en Europa la presión fiscal ya es elevada y, si se suman impuestos directos e indirectos, algunas rentas pueden soportar una carga muy alta. “En España estamos recaudando cantidad de récord de impuestos por no deflactar”, afirmó en el pódcast, antes de descartar que subir impuestos sea una solución sencilla para un problema que no deja de crecer. El tercer camino sería elevar la natalidad, aunque Gil subraya que eso tampoco puede imponerse por decreto. A su juicio, para que las familias tengan más hijos habría que crear condiciones reales para los jóvenes: empleo, salarios suficientes, capacidad de emancipación y ayudas fiscales potentes. “Tienes que hacer una política fiscal muy agresiva para hacerlo atractivo, de verdad”, defendió. También recordó que España arrastra una de las tasas de paro juvenil más elevadas de Europa, lo que complica que los jóvenes puedan formar hogares y sostener la base futura del sistema. "Este modelo estaba creado para que usted muriese a los 75 y ahora resulta que viven hasta los 85, 90” En ese punto, el economista lanza su advertencia más dura sobre las pensiones. “Tenemos ahí un cuello de botella bastante grande, que hace que gestionar los planes de pensiones no salga, ya no es viable. Estamos haciendo transferencias continuas del Estado a los planes de pensiones”, aseguró. Gil añadió que las pensiones ya consumen cerca del 20% de los presupuestos anuales y que la previsión es que ese peso aumente en los próximos años. Para el analista, el problema de fondo es que el sistema se ha quedado antiguo respecto a la sociedad actual. “Este modelo estaba creado para que usted muriese a los 75 y ahora resulta que viven hasta los 85, 90”, señaló, antes de resumir el desequilibrio: más esperanza de vida, más gasto sanitario, menos nacimientos y una base de cotizantes insuficiente. “Es que no salen las cuentas”, afirmó. Gil considera que cualquier ajuste relevante tendrá consecuencias y que la salida probablemente pasará por repartir sacrificios. “Cuando hay un ajuste tan grande tiene que haber perdedores”, explicó, aunque matizó que lo razonable sería que “todos” aportaran algo y redujeran algo para que nadie sintiera que soporta en solitario el coste del cambio. Su diagnóstico final es que el problema se ha dejado avanzar durante demasiado tiempo: “Cuando tú tienes un modelo que te funciona hoy y pasan 10, 15, 20, 30, 40 años y el modelo no lo tocas, pero la realidad en la que vives cambia, pues tu modelo se queda obsoleto”, concluyó.