Las distintas generaciones pueden explicarse por la época en la que nacieron o por la forma en que fueron criadas. Las personas que crecieron en los años 60 suelen describirse como “más duras”, más independientes, menos expresivas.Durante mucho tiempo, esa diferencia se atribuyó al carácter o a la cultura. El sitio Vegoutmag afirma que la psicología empezó a mirar más atrás: a quienes los criaron.Muchos padres de esa generación venían de contextos marcados por la escasez, la guerra o crisis profundas. Y aunque los hijos no vivieron directamente esos eventos, crecieron bajo su influencia.Por eso, la idea que aparece hoy es más compleja: no fueron criados como si todo estuviera bien, sino como si algo pudiera desmoronarse en cualquier momento.Una infancia marcada por la adaptación más que por la contenciónLa psicología explica que quienes crecieron en esa década desarrollaron formas particulares de adaptarse al mundo. No necesariamente por elección, sino por el entorno emocional en el que se formaron.Así se traduce eso en patrones concretos:Aprendieron a resolver solos desde muy temprano. Era común pasar horas fuera de casa, sin supervisión constante. Esa autonomía forzada desarrolló habilidades de resolución de problemas y autogestiónLa contención emocional no siempre estaba disponible. No porque faltara afecto, sino porque la prioridad era la estabilidad. Esto generó una forma de manejar emociones más interna y menos expresivaSe normalizó la idea de “arreglárselas”. Pedir ayuda no era lo primero. Muchas personas crecieron con la idea de que debían adaptarse sin depender demasiado de otros.El control emocional se volvió una herramienta de supervivencia. En entornos donde no siempre había espacio para expresar lo que se sentía, aprender a regularse internamente fue clave.Desarrollaron una tolerancia alta a la frustración. La espera, la escasez o la falta de inmediatez eran parte de lo cotidiano. Eso fortaleció la paciencia y la persistenciaSe formaron en un modelo de disciplina más rígido. Las estructuras familiares tendían a ser más autoritarias, con reglas claras y poca negociación, lo que moldeó la forma de vincularse con la autoridadLa independencia surgió más por necesidad que por elección. No era un valor abstracto, sino una consecuencia del contexto: menos supervisión, más responsabilidad desde chicos.La vulnerabilidad quedó en segundo plano. Mostrar fragilidad no siempre era validado. Eso generó adultos funcionales, pero a veces con dificultad para expresar lo que sienten.El entorno enseñó a anticipar problemas. Crecer en un clima de incertidumbre, aunque no fuera explícito, entrenó al cerebro para estar atento y preparado.Se construyó una resiliencia particular. No es solo “ser fuerte”. Es una forma de atravesar dificultades sin desbordarse, incluso cuando no hay herramientas emocionales explícitas.La idea de haber sido criados como si hubieran sobrevivido a un colapso no es literal, pero sí simbólica. No significa que todos hayan vivido trauma directo, sino que heredaron una forma de ver el mundo marcada por la necesidad de sostener, adaptarse y seguir adelante.Y ahí aparece la clave: no es solo una generación “más dura”, sino una generación que aprendió a funcionar en un mundo donde la estabilidad no se daba por sentada.Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOPsicologíaSalud mentalResilienciainfanciaPCEU
La psicología dice que las personas que crecieron en la década del 60 fueron criadas como si hubieran sobrevivido a un colapso real
Heredaron un miedo profundo al colapso y un recordatorio de tener siempre un plan B.













