Los adultos de hoy crecieron como un apéndice de sus padres, una infancia adultocéntrica la llamarían los expertos, donde se obedecían las reglas sin rechistar. En cambio, los niños ahora son el centro de todo
Después de 10 años como padre escribiendo aquí sobre crianza, creo que le he dedicado unas cuantas horas a reflexionar sobre cómo nos lo montamos ahora los adultos con criaturas. Muchas veces, acabo comparando lo que viven mis hijos con la infancia que tuve yo en los ochenta, ahora bañada con un filtro de nostalgia muy benévolo. Y me pregunto:
tiva-y-autora-tener-mas-de-un-hijo-en-la-actualidad-es-de-valientes.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2025-11-21/elisa-molina-experta-en-disciplina-positiva-y-autora-tener-mas-de-un-hijo-en-la-actualidad-es-de-valientes.html" data-link-track-dtm="">¿los niños de ahora son demasiado afortunados porque todo lo tienen fácil, rápido e ilimitado? ¿O, en el fondo, nos fue mejor a nosotros, porque crecimos practicando la paciencia y valoramos mucho más todo lo que hemos conseguido? No hay una respuesta válida, pero te presento una comparativa para que juzgues tú mismo.
Empiezo por lo que les preocupa a los niños privilegiados de las últimas décadas: ver la tele. Los dibujos animados los teníamos reservados un ratito después de clase y las mañanas del fin de semana. Seguir una serie de inicio a final, con cambios de programación constantes, era una tarea hercúlea, por mucho que consultaras la revista TP (me siento viejo recordando el Teleprograma). Por ejemplo, yo no me traumé por la muerte de David el gnomo porque nunca vi el capítulo. Por lo tanto, me fascina que mis hijos tengan al alcance de un botón (y de mi tarjeta de crédito para suscripciones, claro) un amplísimo porcentaje de todo el contenido infantil y juvenil del último medio siglo, perpetuamente a su alcance (a menos que la plataforma lo retire del menú de manera traicionera).






