Qué nos ha pasado para que, en pleno siglo XXI, tengamos que escuchar un día sí y otro también que debes conectar como padre o madre con tus hijos. O que tienes que sintonizar con ellos y sus emociones. O que tienes que comprenderlos y acompañarlos en sus procesos como si cuando los recogieses del colegio te dedicaras a todo lo contrario.

¿Qué procesos hay que sintonizar o conectar? ¿Una rabieta? Ahora resulta que hay que “conectar y sintonizar” con la rabieta de tu hijo mirándole a los ojos mientras parece que está poseído por el demonio. Pero vamos a ver, si en una rabieta lo más adecuado es una extinción, que se define como dejar de reforzar una conducta que previamente era reforzada, siendo un proceso de modificación de conducta eficaz y con evidencia, que funciona, que no es irrespetuoso y hace que quien tiene la rabieta vea que no va a conseguir lo que busca. Pero no, tienes que conectar y sintonizar, alcanzar el nirvana en plena explosión de pataleta infantil sin sentido. ¿Alguien me puede explicar qué significa esto de conectar y sintonizar, y durante cuánto tiempo hay que hacerlo, cuando un niño o una niña está pataleando, insultando o simplemente tiene un capricho y se pone insoportable? Sí, he escrito insoportable.