La comunicación con los padres una vez abandonado el nido es fuente de debate continuo: la culpa por no llamar es un clásico, pero crecen los problemas por exceso de dependencia
La maternidad y la paternidad están atravesadas por cientos de mitos, modelos culturales, por la tecnología disponible y por la situación económica de cada época. Por ejemplo, que Ignatius Reilly viviera a los 30 años con su madre funcionaba en La conjura de los necios (novela publicada en Estados Unidos en 1980) como la señal definitiva de que el protagonista era alguien disfuncional, mientras que hoy en España esa convivencia sería algo normal y dentro de la media. Pero no es necesario ...
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recurrir a la excéntrica familia Reilly para mostrar los problemas de incomunicación que continuamente aparecen entre padres e hijos. Mucho más cerca, la película Cinco lobitos (2022), de Alauda Ruiz de Azúa, contiene varios de los silencios, malentendidos e incomodidades que surgen cuando unos padres en absoluto negligentes y una hija que atraviesa una mala racha se examinan de cerca.
En 2023, la escritora Blanca Lacasa publicó Las hijas horribles (Libros del KO), un ensayo “sobre qué significa ser hija” en el que se puede leer el siguiente párrafo: “En detalles tan tontos como anteponer por obligación las visitas a la madre a cualquier otro acontecimiento y llamar por teléfono diariamente o con una periodicidad que no es la elegida por nosotras sigue operando una culpa que se torna, con facilidad, en ira y explosiones de tristeza. Es curioso cómo las llamadas telefónicas, quizá por ocupar un espacio destacado en todo este asunto, adquieren una insospechada carga simbólica”.






