Hay un momento durante la visita de Donald Trump a Pek�n que ayuda a explicar mejor que cualquier comunicado el lugar que China quiere ocupar en el mundo. El presidente estadounidense camina junto a Xi Jinping por los jardines de Zhongnanhai, el complejo amurallado donde respira el poder chino, cuando pregunta si aquel paseo forma parte habitualmente del protocolo con l�deres extranjeros. Xi, seg�n la escena reconstruida por The Economist, responde que no, que aquello ocurre "muy rara vez". Luego a�ade, con una sonrisa medida, que Putin es de los pocos que tambi�n ha estado all�. La frase, m�s que una respuesta de cortes�a, se trataba de una declaraci�n de jerarqu�a.Apenas cuatro d�as despu�s de la salida de Trump de Pek�n, Vladimir Putin aterrizaba en la misma ciudad para una visita que ha reforzado una asociaci�n pol�tica, militar y energ�tica entre una China cada d�a m�s influyente y una Rusia cada vez m�s dependiente de su poderoso vecino.Antes que Trump y Putin, por la capital china hab�a pasado el ministro de Exteriores iran� buscando respaldo en pleno conflicto en Oriente Pr�ximo; mientras tanto, los l�deres europeos aparecen peri�dicamente por el gigante asi�tico con el prop�sito de proteger sus intereses comerciales. "Nosotros recibimos a todos. Hablamos con todos. Y no exigimos alineamiento ideol�gico a nadie", comenta un veterano diplom�tico chino. A su juicio, su pa�s ha entendido antes que otras potencias que la influencia global ya no depende �nicamente de imponer condiciones o construir bloques, sino de convertirse en el lugar donde terminan sent�ndose incluso los actores enfrentados.El recibimiento a Putin en Pek�n el mi�rcoles reprodujo casi al detalle la liturgia reservada d�as antes a Trump: alfombra roja, honores militares y una escenograf�a dise�ada para proyectar centralidad diplom�tica. Pero Xi introdujo un matiz significativo al dirigirse al presidente ruso como "querido amigo", una f�rmula que buscaba subrayar una relaci�n cultivada durante a�os y m�s de 40 reuniones cara a cara.Ambos l�deres aprovecharon la cita para enviar mensajes tanto al exterior como a sus propias audiencias internas. Xi defendi� la necesidad de estrechar a�n m�s la coordinaci�n con Mosc� frente a un mundo que, seg�n dijo, amenaza con regresar a la "ley de la selva". Putin respondi� present�ndose como proveedor energ�tico fiable y socio estrat�gico. Juntos acordaron intensificar la cooperaci�n militar mediante nuevos ejercicios conjuntos, reafirmando una alianza que ha ganado peso desde la invasi�n rusa de Ucrania y que hoy resulta mucho m�s necesaria para Mosc� que para Pek�n.Si la visita del presidente de Estados Unidos se centraba en estabilizar la relaci�n m�s importante y peligrosa del planeta, la de Putin era un recordatorio de que Rusia no est� sola, que las sanciones occidentales no la han aislado y que el eje con China sigue siendo una pieza central de su supervivencia estrat�gica. La guerra en Ucrania ha convertido a Rusia en una potencia m�s dependiente de China de lo que el Kremlin quisiera admitir. Desde 2022, el gigante asi�tico es el gran pulm�n comercial de Mosc�. Compra petr�leo, gas y carb�n; vende maquinaria, veh�culos, electr�nica, componentes industriales y, seg�n denuncian desde Washington, bienes de doble uso que alimentan la maquinaria de guerra de Putin. Pero el l�der chino tambi�n saca beneficio de la estrecha relaci�n: cuenta con un socio �til y leal para erosionar la supremac�a estadounidense, coordinar votos y vetos en Naciones Unidas, reforzar el grupo de econom�as emergentes de los BRICS y alimentar una narrativa de un Sur Global cansado de las reglas escritas por Occidente.Donald Trump durante su encuentro con Xi Jinping la semana pasada.ANDREW CABALLERO-REYNOLDSAFPPek�n se ha convertido este a�o adem�s en una estaci�n obligada de la diplomacia mundial. Por sus salones han desfilado l�deres de pa�ses tradicionalmente alineados con Washington: el alem�n Friedrich Merz, el brit�nico Keir Starmer, el irland�s Miche�l Martin, el canadiense Mark Carney, el surcoreano Lee Jae-myung o el espa�ol Pedro S�nchez. Este domingo ser� el turno del presidente serbio, Aleksandar Vucic, uno de los socios europeos m�s cercanos a China.La sucesi�n de visitas alimenta en la narrativa oficial china una idea cada vez m�s repetida: en un contexto internacional marcado por guerras, incertidumbre y dudas sobre el liderazgo estadounidense, Pek�n emerge como un interlocutor cada vez m�s dif�cil de ignorar. "Cuanto menos fiable se vuelva Estados Unidos, mayor ser� el poder de atracci�n de China", resum�a recientemente un editorial del Diario del Pueblo, �rgano oficial del Partido Comunista.El tabloide chino Global Times escribi� esta semana que Pek�n emerge como foco de la diplomacia global tras encadenar las visitas de Trump y Putin, algo excepcional en la pol�tica internacional posterior a la Guerra Fr�a. El mensaje interno apunta a que, mientras Occidente acent�a su divisi�n, China presume de estabilidad e influencia; mientras otros improvisan, China planifica; mientras Washington amenaza, Pek�n dialoga."Xi Jinping siempre sale bastante reforzado", opina Scott Kennedy, uno de los principales analistas del Centro de Estudios Estrat�gicos e Internacionales (CSIS). "El encuentro con Trump dej� un gran acuerdo bajo condiciones chinas, una estabilizaci�n favorable a Pek�n porque China habr�a logrado rebajar tensiones sin modificar posiciones esenciales sobre Taiwan, tecnolog�a o modelo econ�mico".Hasta hace no mucho tiempo, China observaba el mundo desde la periferia del liderazgo internacional. Los l�deres chinos evitaban asumir protagonismo en el tablero global, priorizando el control del poder interno del Partido Comunista. Pero esa posici�n empez� a cambiar lentamente con el ascenso de Xi en 2012, pero sobre todo despu�s de la crisis financiera global, cuando muchos dirigentes del gigante asi�tico interpretaron que Occidente comenzaba a mostrar s�ntomas de agotamiento.Entonces, Xi comenz� a hablar abiertamente del "rejuvenecimiento nacional", una expresi�n que apuntaba a que China deb�a recuperar el lugar central que hab�a ocupado en otros periodos de la historia. Lleg� la nueva Ruta de la Seda, la expansi�n diplom�tica hacia �frica, Oriente Pr�ximo y Am�rica Latina, el fortalecimiento militar, una mayor presencia en organismos internacionales, el dominio de las cadenas de suministro y la revoluci�n tecnol�gica. Ahora, los l�deres mundiales ya no s�lo viajan a Pek�n buscando inversiones. El r�gimen de Xi empieza a desempe�ar una funci�n que durante d�cadas monopoliz� EEUU: convertirse en interlocutor imprescindible.
Todos los caminos llevan a Pek�n: c�mo China se ha convertido en la capital de la geopol�tica mundial
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