El último en firmar salió corriendo de El Corte Inglés de Murcia. Ricardo Segado, concejal de Movimiento Ciudadano (MC), trabaja allí y no tiene dedicación exclusiva en el Ayuntamiento. Llegó a la notaría del Paseo Alfonso XIII de Cartagena, estampó su firma y se fue. Era el número 14. Habían pasado las seis de la tarde del lunes 19 de mayo. Así terminó la jornada más intensa de la legislatura en Cartagena, pero la historia de cómo se llegó hasta allí arranca mucho antes, en Madrid, en las guerras internas de un partido que no aparece en el título de la moción.

El detonante se encuentra en la defenestración de José Ángel Antelo como presidente de Vox en la Región de Murcia. Antelo arrastró en su caída a Diego Salinas, candidato de Vox a la alcaldía de Cartagena en 2023, quien había llegado al número uno de la lista local con su apoyo, pero cuya portavocía municipal recayó en Gonzalo López Pretel por decisión de la dirección nacional, sembrando desde el primer día las semillas de una guerra interna que acabaría por reventar.

Cuando Abascal forzó la salida de Antelo, Salinas fue el primero en marcharse de Vox. Después lo haría Beatriz Sánchez del Álamo. Y la semana pasada, Salinas dio el paso definitivo: abandonar también el gobierno municipal. Para blindarse ante las acusaciones de transfuguismo que no tardarían en llegar, dejó por escrito su posición en una publicación de Facebook: “Nuestra Constitución prohíbe expresamente el mandato imperativo, y el pacto antitransfuguismo va contra el espíritu de la Constitución. Por eso hicieron un pacto y no pudieron hacer una ley”.