Los dos principales líderes territoriales del PP, Isabel Díaz Ayuso y Juan Manuel Moreno, fueron este jueves fieles a sí mismos. Cada uno, a su estilo. La madrileña, en actitud desafiante, acaparaba titulares con una frase de irresistible tirón, “México no existió hasta que llegaron los españoles”, manteniendo así viva una polémica con repercusión internacional que la ha enfrentado con las máximas autoridades de un país de más de 130 millones de habitantes. El andaluz se hacía una foto con una vaca. Ni la resonante defensa que hizo Ayuso de su viaje a México ni el acto de campaña de Moreno en un paisaje cordobés alcanzan a sintetizar sus personalidades políticas. Pero sí dan pistas. Si la primera se mueve como pez en el agua en la batalla cultural sobre temas que Vox cuenta entre sus preferidos, el segundo se distingue por su afán por mostrar una imagen amable, sin estridencias ideológicas. Esta actitud forma parte de la que él mismo llama “la vía andaluza”, presentada como un modo “moderado” y “sereno” de hacer política. Aunque fue el primer líder del PP en hacer cesiones a Vox, a base de exhibir ese talante “templado” —otra de sus palabras favoritas— ha consolidado una imagen de barón centrista del PP, para desesperación del PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía, que lo acusan de tapar con su sonrisa su política fiscal regresiva y su apoyo a la sanidad y la educación privadas.El politólogo David Hijón, de Dialoga Consultores, cree que Moreno ha construido una personalidad “reconocible” en la derecha española siguiendo una máxima: “No comprarle ningún marco a Vox, casi ni nombrarlo”. “Es indudable que es percibido como alguien muy alejado de Vox. Incluso cuando pactaba con ellos, sabía guardar una distancia higiénica”, coincide la consultora política Imma Aguilar, de la agencia Amazonas. Aunque consciente de que trasladar a la política estatal las claves de una autonomía implica imprecisiones, Aguilar señala que a Alberto Núñez Feijóo le sobran incentivos para intentar conducir el debate nacional a los mismos términos en los que se desarrolla en Andalucía. ¿Por qué? Porque Moreno, explica, ha logrado llegar al punto “óptimo” para el PP, ese en el que el partido, sin renunciar a coaligarse con Vox, logra presentarse al mismo tiempo como el “voto útil” contra Vox y reivindicar a su candidato como la mayor garantía de que la ultraderecha verá minimizada su influencia, lo que desmoviliza a la izquierda. Esa es la fórmula que este domingo se pone a prueba.Sevilla no es MadridMoreno llega a las urnas con mejores perspectivas que sus tres predecesores inmediatos: María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández-Mañueco en Castilla y León. Con la fidelidad de voto más alta (83,1%) y un saldo favorable en el trasvase con el PSOE, nadie le roba tanto voto a Vox (29,4%), ni le cede tan poco (4,6%), según el CIS. Apoyado en esta base, Moreno obtendrá una victoria holgada, coinciden todas las encuestas. La duda es si el éxito será completo, para lo que requiere 55 escaños, una mayoría absoluta que lo coronaría como el primero en conseguirla (la mantendría) desde que en 2024 el partido de Santiago Abascal se salió de los gobiernos autonómicos e inició su ascenso en las encuestas y las urnas. Si no lo logra, compartirá destino con Guardiola, Azcón y Mañueco, depender de Vox, salvo que se quede a un pequeño margen que sean capaces de cubrir contra todo pronóstico el partido gaditano 100x100 Unidos o la formación de Alvise Pérez. Desde Génova miran con ilusión al sur. Un portavoz de la dirección evita fijar la frontera del éxito en los 55 escaños: “Lo hemos normalizado, porque nos hemos acostumbrado, pero no perdamos la perspectiva de lo que supone que en Andalucía el PP solo esté pendiente de si gana con mayoría absoluta o no, mientras el principal objetivo del PSOE es que Vox suba”. El portavoz inserta el triunfo de Moreno en una inercia positiva desde que llegó Feijóo en 2022, en la que incluye las subidas en todas las elecciones en las comunidades —salvo en Galicia en 2024 y Aragón hace tres meses, aunque sin perder la mayoría absoluta en el primer caso ni el poder en el segundo—, en las municipales, en las europeas y en las generales. Eso sí, en este caso fue una subida insuficiente. Por eso la espina clavada sigue siendo La Moncloa. Y por eso el principal mensaje de Génova es que el triunfo de Moreno será otro paso hacia la presidencia de Feijóo. “El barón más cercano a Feijóo, el que ha heredado de Feijóo el título de barón moderado, va a derrotar a la número dos de Pedro Sánchez”, señala el portavoz para ilustrar cómo el 17-M tendrá una “incuestionable” lectura nacional. No obstante, hay factores que dificultan la extrapolación. Para empezar, los números de Moreno y Feijóo son distintos. Y no solo porque las encuestas colocan a Feijóo más de diez puntos por debajo de donde colocan a Moreno. También difieren los índices de valoración en el CIS: 5,78 para Moreno; 3,68 para Feijóo. El líder nacional, con más baja fidelidad de voto, es el preferido como presidente por solo un 9,9%, frente a un 43,8% del andaluz. A ello se suma, añade David Hijón (Dialoga), que la consolidación de Moreno se apoya en un “acertado diagnóstico” de Andalucía, que lo ha llevado a crear “varios PP” para atender a distintas demandas, uno “más liberal en el litoral” y otro “más conservador en el interior”. Hijón duda que el despliegue del PP nacional se adapte con tanta exactitud a todas las complejidades de la sociedad española. Y resalta como principal ejemplo el “agujero” que, dice, tiene abierto en Cataluña y Euskadi. Aunque se habla mucho del problema del PSOE en Madrid y Andalucía, donde en las generales de 2023 quedó a unos 580.000 votos del PP, menos se comenta que solo en Cataluña y Euskadi los socialistas aventajaron a los populares en más de 900.000.Carlos Domínguez, director de Investigación de 40dB., apunta a un antecedente que muestra hasta qué punto es osado trasladar un resultado autonómico a España. En las andaluzas de 2022, Moreno le sacó a Juan Espadas (PSOE) casi 20 puntos. En las generales de 2023, Sánchez se quedó a menos de tres de Feijóo en Andalucía. Misma comunidad, resultados diferentes según la elección. La conclusión para el politólogo Hijón es que, pase lo que pase en Andalucía, en España “seguirá habiendo batalla”, aunque el PP y Vox tienen ventaja, con las encuestas situando la suma de ambos en torno al 50%. Hijón cree que no solo hay obstáculos para que Feijóo extrapole los resultados andaluces a España, sino también para que aplique en España el estilo de Moreno. Tiene incentivos para hacerlo, señala, porque apartarse de la “polarización” y el “centralismo” de Ayuso podría ayudarle a cerrar el citado “agujero negro” en la periferia. “Pero tiene un problema —añade—. Y es que cuando el PP elige líder nacional, se lo traga la aspiradora mediática de Madrid. Además, cualquier acercamiento a la España periférica le pasa factura porque Vox trabaja bien el discurso en contra”. Los retos de VoxVox, que ha crecido en Extremadura, Aragón y Castilla y León, siendo imprescindible para cualquier investidura, quiere colmar otra vez esa doble aspiración. Pero en Andalucía las encuestas lo ponen en duda y apuntan a que el partido obtendrá en Andalucía, la comunidad en la que irrumpió en 2018, el peor resultado de las cuatro citas del presente ciclo electoral y a que por primera vez es factible la mayoría absoluta del PP. Aguilar (Amazonas) advierte de que el 17-M puede poner a la ultraderecha ante dos verdades incómodas. La primera, que al menos en esta fase tiene un “techo” por debajo del 20%, lejos de las extremas derechas europeas más potentes. La segunda, añade, que la estrategia de homogeneizar sus discursos en todas las autonomías y elegir a dedo a líderes teledirigidos presenta limitaciones. Cábalas en el PSOELa selección de candidatos del PSOE también está en el punto de mira. Sobre todo, la apuesta por miembros del Gobierno. Si Pilar Alegría perdió votos y escaños en Aragón, María Jesús Montero se expone a un riesgo similar. Encuestas en mano, mantener los 30 escaños de 2022 —peor resultado histórico hasta ahora— ya sería superar las previsiones. David Hijón (Dialoga) cree que los hechos muestran que apostar por ministros como candidatos es “un error estratégico de bulto” que envía un mensaje preocupante a posibles cabezas de cartel como Óscar López en la Comunidad de Madrid o Diana Morant en la Comunidad Valenciana. No es el único melón por abrir si hay pinchazo grave, añade. Aunque Sánchez tiene mucho control orgánico, tras el 17-M podrían “levantarse voces” que cuestionasen que las generales sean después de las municipales y autonómicas de 2027, señala Hijón.En el PSOE, mientras tanto, se resisten a arrojar la toalla a pesar de las encuestas sombrías y la baja valoración de Montero. Una fuente socialista implicada en la campaña sostiene que el partido ha logrado mantener a raya los trasvases al PP (6,8% según la media de 40dB. y el CIS), por lo que su principal desafío no es convencer a los suyos de que la opción no es Moreno, sino evitar la “desmovilización”. Sus resultados serán mejores, analiza dicha fuente, si la participación ronda el 65%, un escenario que exigiría un salto desde el poco más del 56% de 2022. Otra fuente conocedora de la estrategia del PSOE señala que, con una estimación de un 15% de los votantes tomando la decisión de voto en las últimas 48 horas y con el destinatario del último escaño por casi todas las provincias pendiente de unos miles o incluso cientos de votos, el PSOE tiene margen para amortiguar el golpe que pronostican las encuestas.Si Imma Aguilar ve previsible que Feijóo —obtenga Moreno la mayoría absoluta o se quede a las puertas— imite la estrategia del barón andaluz de presentar a los populares como la opción más útil para evitar la inestabilidad que provoca Vox, también cree que Pedro Sánchez y los suyos tendrán tarea. ¿Cuál? Esmerarse para que un claro triunfo del PP, el cuarto seguido y en la comunidad más poblada, no consolide la idea de que el guion de las generales está escrito. Ello podría extender la idea de que el “voto útil” contra Vox es el PP, analiza.Duelo en la izquierdaLas encuestas pronostican que la izquierda alternativa aumentará su representación, que ahora es de siete diputados: cinco de Por Andalucía, la coalición que integra a IU, Podemos y Movimiento Sumar —entre otras fuerzas—, y dos del nuevo andalucismo de Adelante Andalucía. Lo que está por ver es cómo queda configurado. Sondeos en mano, la dinámica más ascendente es de Adelante, que aspira a grupo propio, para lo que necesita cinco escaños. El dibujo que ofrecen las encuestas de Por Andalucía es más estable con respecto a 2022. El mejor escenario para Antonio Maíllo y los suyos es crecer y mantenerse en cabeza del espacio. El peor, verse superados y ceder un escaño, lo que los llevaría a perder el grupo, un golpe para IU en plena reconfiguración de la izquierda en España. Carlos Domínguez, de 40dB., ve a Por Andalucía en una posición de “ventaja”, pero tampoco puede descartar un “sorpasso”.
El PP prueba la eficacia de la “vía andaluza” para frenar a Vox
Feijóo intentará capitalizar la holgada victoria del “barón moderado”. El PSOE se expone a su peor resultado histórico y Vox a no ser decisivo por primera vez en este ciclo electoral












